Cultura

Madrugadas

Por Óscar Vargas Duarte

Ahora, despierto en la madrugada, te encuentras a mi lado sudando un poco de sueño, hiriendo el aire con tu respiración serena, es ahora cuando me parece que el tiempo nos da treguas y detiene sus pasos antes de ofrecernos a la muerte. Tú eres la tregua, por ti el tiempo deja pausado su reloj y yo puedo gozar el instante sin que el minutero tenga movimiento.

Apagas el sonido del despertador, te acercas, me das un beso en la oreja, la muerdes, preguntas, ¿Soñaste?, muevo la cabeza para negar, te digo, No lo recuerdo, me dices, soñé por ti, soñé un día maravilloso para ti, levántate, tú haces el café. Trato de levantarme pero tus piernas pesan más que el afán de salir de la cama, el café estará un poco tarde hoy.

Despierto, noto me observas, descubro un lápiz en tu mano y una hoja sobre tu pierna, me muestras que estás dibujándome, una geografía de mi rostro dormido, te ríes, dices, la exactitud no es una virtud necesaria en el arte, aunque no puedo dar certeza de la reproducción de tu cara, la imagen que tengo de ti es perfecta en el seno de mi corazón.

Junto a la taza de café, pones un par de galletas, con una cuchara de postres la untas de dulce, llevas una de las galletas a mi boca, yo reclamo, El café sabrá muy dulce, y respondes, Deja lo amargo para después, por ahora toma para ti el azúcar de mi boca. Me besas.

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