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México depende del extranjero para alimentarse: investigadores de la UNAM

Berenice Ramírez, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM
Berenice Ramírez, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM

El sector agrícola ha sido de los más afectados con la apertura de la economía mexicana y las reformas estructurales. Sin autosuficiencia de comestibles es difícil que los países superen su atraso, advirtió Berenice Ramírez, del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM.

Lo más desconcertante de la situación agraria mexicana es nuestra dependencia creciente: las transformaciones ambientales y la explotación minera intensifican las disputas por el campo, agudizan las desigualdades, profundizan la pobreza campesina y agravan los desplazamientos poblacionales, añadió.

A su vez, Felipe Torres del IIEc aseveró que tener un país sin hambre equivale a lograr la estabilidad, un equilibrio en las políticas de crecimiento y una mejor sociedad.

Por la apertura de los mercados y la eliminación de las fronteras se ha dado un resquebrajamiento de las aspiraciones de la seguridad alimentaria, entre otras cosas porque se presenta la paradoja de que los incrementos de los precios internacionales, lejos de resolver el problema en una nación dependiente como la nuestra, lo empeoraron.

28 millones de mexicanos no tienen acceso a la alimentación mínima.

Al impartir la conferencia magistral Desarrollo y seguridad alimentaria, Margarita Flores, secretaria académica e investigadora del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED) de la UNAM, detalló que tener acceso a comestibles significa que todas las personas tengan ingresos suficientes para adquirirlos o producirlos, ya sea en cantidad, calidad, diversidad e inocuidad.

Además, es preciso que alcance para un buen estado nutricional y una vida sana de acuerdo con sus preferencias, así como que estén disponibles físicamente (y los mercados funcionen).

De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en 2014 la población mexicana con dificultades para acceder a la alimentación mínima fue de 23.4 por ciento, es decir, 28 millones.

México es un productor importante, con empresas agroalimentarias que compiten exitosamente en los mercados internacionales, pero las políticas públicas dan preferencia a los apoyos individuales más que a los bienes públicos. Además, hay una disociación entre las directrices sociales (asistencial de acceso a comestibles) y la productividad (empleo y generación de ingresos).

Falta una visión comprensiva de estrategias de seguridad incluyentes y sostenibles en el renglón, así como protección de la biodiversidad, concluyó.