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El arte de la gambeta: literatura y futbol

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Por Heber Quijano

La horda de prejuicios entorno a la cultura, la literatura y la intelectualidad es un lastre que no podemos quitarnos de encima. Todavía se tiene la mala noción de que ser culto es andar con traje de gala en los palacios donde se tañen las arpas románticas, tocadas por los espíritu sublimes de la inspiración. Desde la antropología se nos ha confirmado el error: la cultura es mucho más que ese nudo de ratas petulantes por su abolengo —sanguíneo, académico o meramente ilusorio— que blufean como si trajeran el póker de mano. La cultura tiene estratos y sustratos, escalones arriba y abajo, en los que podemos andar sin distraernos de la vida. Etiquetas llamadas de manera clasista: alta cultura y cultura popular.
En ese pliegue lleno de arrugas está el futbol. Hablar de futbol no es algo que se permita o se vea con buenos ojos en la alta cultura. Si bien es cierto que, por mercadotecnia o por sincero interés, la obra de Eduardo Galeano y Juan Villoro han sido recuperadas para acortar las distancias, también es cierto que los periodistas deportivos (en su mayoría) se han quedado en esas dos referencias. Ellos han mejorado. No así el ámbito intelectual, en su mayoría y con excepciones (¿tengo que repetirlo?), que todavía desprecia temáticas deportivas. A menos, claro, que se blufee con Píndaro y los olímpicos griegos.
Para no hacer más largo el cuento y entrar en materia, recomiendo la lectura Tres actos y dos partes de Giorgio Faletti. Primero por la prosa ágil y bien estructurada del versátil y fallecido comediante, poeta, músico y compositor italiano. Segundo, por el conflicto padre-hijo, que se expande de manera metonímica con el ciudadano-ciudad, en este caso enfocado como un reproche desde el guiño entre línea con las ciudades Turín y Milán. Tercero, por la identidad construida entorno a un equipo deportivo. Cuarto, la relación de las apuestas y la corrupción —hoy en el ojo del huracán por los fraudes en la FIFA, bajo la responsabilidad sospechosa de Joseph Blatter—, donde podemos revelar el guiño hacia equipos como la Juventus y el AC Milan, en el ahora sintomático y ejemplar escándalo Calciopoli. Que se oiga el silbatazo inicial

@heberquijano

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