Lector 24

El enemigo está en casa

Por Heber Quijano

Quizá sólo sea una moda pasajera (ojalá no sea un credo), pero de unos años para acá hay una tendencia en las editoriales de elegir libros con las temáticas más estrafalarias y rimbombantes o con los personajes más extravagantes e improbables. Incluso podemos aventurarnos a confirmar una nueva corriente de literatura con estas vertientes de la “imaginación”, que Massimo Rizzante postula como la “posibilidad onírica” en el futuro —que es en realidad el presente– de la novela en el Siglo XXI. En esa dinámica editorial no entran los temas domésticos, para bien o para mal, y no entraría un texto como “No aceptes caramelos de extraños” de Andrea Jeftanovic. La verdad es que el libro me dejó tan asombrado y gustosamente cimbrado por su violencia que no puedo dejar de maravillarme. Y como no soy egoísta, aquí se las recomiendo.

La escritura de esta joven escritora chilena es simplemente maravillosa. Maneja el ritmo, casi siempre in crescendo, en la sintaxis para fusionarlo con las imágenes de la poesía y, al mismo tiempo, encubrir la anécdota del cuento entre líneas, con una maestría que refleja el trabajo puntual y orfebre de su prosa. En un entorno íntimo y familiar, y precisamente por la cercanía de las temáticas los cuentos se tornan violentos por su tratamiento. Súmele el lector el dicho, siniestro sí, respecto a ciertos delitos: “El enemigo está en casa”.  A saber: unos vecinos que ven caer un cuerpo (“La desazón de ser anónimos”), la angustia de tener un hijo enfermo (“Marejadas”), la lucha fratricida entre el hermano mayor que odia al recién nacido (“Primogénito”), un madre dormida mientras sus hijos se ahogan en el mar (“En la playa, los niños”), dos amantes que matan al marido (“Mañana saldremos en los titulares”), una hija perdida (“No aceptes caramelos de extraños”) y dos cuentos de amor incestuoso (“Árbol genealógico”, “Tribunal de familia”).

Muchos de los cuentos que integran No aceptes caramelos de extraños ya habían sido publicados en distintas antologías y revistas alrededor del mundo. Fue precisamente a través de El futuro no es nuestro (Eterna Cadencia, 2009), bajo la batuta de Diego Trelles, que me topé con el knock out “Árbol genealógico”. Perverso y siniestro, no apto para los devotos de las buenas conciencias, el libro entero sacude sin concesión. Y confirma, además, una de las reglas básicas —en palabras de Julio Cortázar—: “en literatura no hay buenos ni malos temas, hay solamente un buen o mal tratamiento”.

Andrea Jeftanovic, No aceptes caramelos de extraños, (2012 [2013 reimpresión]), México, Seix Barral.

@heberquijano

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