Opinión

Mi regalo al Mundo: tres bolsas de basura cada sábado.

El aroma de las cosas WordPress 470x150

Por Cheque Santana.

-Buenos días.

-Sólo déjela ahí con el resto.

Y lo hice. Dejé tres bolsas enormes de basura asquerosa, llena de pelos y leche pasada, chisporroteando líquidos que una vez fueron hermosos pero que hoy, entre el plástico y los cerillos usados se convirtieron en otra cosa: algo que no quiero en mi casa, cerca de mí. Jamás.

Necesitaría un poeta gigantesco, a Lorca o Neruda, para explicarles todo lo que me sorprende la cantidad de basura que produzco. ¿De dónde carajos sale? ¿Porqué la hago?

Pensemos en el Estado de la Naturaleza. Hermosa situación en la que se hallaban los hombres antes de la existencia de la moral, el gobierno, la religión y todas las cosas complicadas de la vida. En este maravilloso mundo, los seres humanos caminan por la tierra recogiendo frutas del suelo, desnudos, bañándose en los ríos, dejando su caquita en cualquier lugar esperando que la naturaleza haga su trabajo. En este estado donde los celos, los asesinatos y las muertes por una infección de garganta que hoy te curarías en el Simi, eran lo peor que te podía pasar, no había basura. ¿Cierto?

No me puedo imaginar a nuestros desdentados ancestros recogiendo hojas con mocos, cáscaras de plátano y cabellos despreciados al terminar la comida. Simplemente dejaban las cosas ahí y a lo que sigue.

La basura sólo es basura cuando nos damos cuenta de que no sirve para nada. Nadie llega a la tienda y dice: Deme tres basuras y unas papas. No, sólo son papas. La bolsa de aluminio, las pendejadas que vienen adentro de regalo y el empaque de salsa no cuentan como basura hasta que están en la bolsa asquerosa que llevas al camión. Así como los pelos y las cáscaras de plátano no fueron basura hasta que lady cavernícola -probablemente  la creadora de la civilización- le dijo a su compañero:

-Si no recoges tus cochinadas, no vas a tener nada de esto hoy.

A partir de ahí todo se fue al demonio. Hoy, existen ritos, leyes y ciencia. La basura es tan complicada que tenemos que legislar para que la gente sepa que hacer con ella. Así es, primero se tuvo que inventar la Democracia, la Legislatura y hacer una Constitución para después comenzar a discutir sobre la basura.

-¿Dónde chingados pongo los platos de unicel? ¿Son plásticos? ¿Puedes reciclarlos?

-Ah, claro. Van en el bote número 6, junto al resto del poliestireno expandido. Dijo nadie jamás en la historia de la humanidad.

¿Quién se sabe estos números? Polietileno de alta densidad, cloruro de polivinilo… La gente batalla para acordarse donde dejaron su celular. Y es la cosa más importante de su puta vida. ¿Polietileno de tereftalato? Ni lo intenten.

Si algún despistado lector pensare que estoy bromeando, le ruego vea esto: Ley general para la prevención y gestión integral de los resíduos.

Sólo porque los llamen resíduos no quiere decir que a alguien le interese. ¡Gobernantes despierten! Acaban de crear una ley que ni un sólo ser humano en el curso completo de su vida va a leer a menos que le paguen por leerla. 52 páginas que alguna vez fueron un hermoso árbol van en camino de pasar 15 años recolectando polvo para después hacerle compañía a los espaguetis y el aceite quemado en el fondo de la bolsa de Walmart.

Esto lo sé: La mayoría de nosotros no va a escribir un libro, ni plantar un árbol pero con toda seguridad, cada alma generosa sobre la Tierra va a producir 14 kg de basura cada semana durante sus bellos y significativos 67.2 años de promedio de vida. Quiero ver la ley que cambie eso. De verdad quiero.