El carisma de los villanos

Atril de lupas wordpress cabezal 470x150

Por Heber Quijano

En esa básica y repetitiva necesidad de dividir todo en blanco y negro respinga siempre una víscera, probablemente el hígado. Ese escozor cobija la fascinación por los villanos. En nuestro afán, a veces ingenuo, por decantar la Historia y las historias hacia el lado de la bonhomía, la mayoría de los protagonistas —reales o ficticios— se convierten en el instrumento del discurso y la mentalidad en turno para estratificar los comportamientos prototípicos. Eso sucede sobre todo en los mensajes destinados a las masas. Desde las mitologías ancestrales hasta las narraciones destinadas al mero entretenimiento el énfasis es muy elemental: el héroe es bueno, es blanco (y aquí también me refiero al asunto racial), simétrico, bello, bondadoso. De eso no hay duda, e incluso es una obviedad.
En ese esquema milenario hay grietas que la modernidad ha descubierto: estos héroes son intransigentes, impolutos, incorruptibles, sin espacio para arrepentimientos, errores, dudas.
Pero en la vida real todo cambia. Los villanos son todo lo contrario: falibles, irreverentes, dubitativos. Humanos, pues. Eso los hace más cercanos a todos nosotros. A nivel arquetípico funciona perfectamente para los personajes de ficción: el Diablo, Darth Vader, Voldemort. Por cuando la fábula se traslapa a la realidad, el juicio no es tan simple.
Cuando los villanos, en la Historia de la humanidad, logran convertirse en los exitosos realizadores de las grandes empresas, los grandes reinos, las grandes traiciones, se revela ese lado oscuro (sí, con cliché incluido) que tanto nos asusta, y que tanto cautivan. Y nos fascina esa sinrazón: el villano es seductor. Si el hombre ha estado programado durante milenios para seguir el camino del Bien, cómo es que han triunfado los Malos, los Dictadores, los traidores (Judas, Napoleón, Al Capone, Hitler, el Chapo y el infinito etcétera consecuente). Prendido de unas tachuelas asidas casi sin equilibrio a nuestra conciencia y nuestra moral, el carisma de los villanos tiene un origen más simple de lo que parece. El odio. Los villanos concentran el odio.

@heberquijano

Blog