Cultura

Una hamaca entre una estrella y la luna; vienes y te sientas en ella a mecer tus antojos

Humo de mis plegarias WordPress cabezal

Por Óscar Vargas Duarte

Entre tus ojos y los míos
había un abismo.
Hoy.
No queda abismo.
Porque la orilla
de tus ojos,
de tu luna.
de tu sol,
de tu todo,
de ti,
ha desaparecido.
Solo hay abismos
entre dos extremos.
Existe el mío.
mi luz,
mis cosas,
mi noche,
mi día,
y todo de mí.
Tú,
ni tus ojos,
ni tu orilla,
ni tu luna,
ni tu sol,
Y nada de ti.

Un día,
un día cualquiera
la noche cae y me oprime
con su peso oscuro.
No da tiempo,
lo cede a los gusanos
quienes luego
carcomen mi cuerpo
en una fiesta
a la cual no están invitados
ni siquiera mis mejores amigos.
Un día,
un día cualquiera
me llueve por dentro
y tan solo se nota
en los ojos
cuando veo
su cuerpo que pasa
frente al mío.
No sé qué cuál me llegó primero.

Hay poesías que se escriben recordando a los viejos,
a los viejos tiempos, a los nuevos.
Otras no se escriben ni se leen,
se redactan sobre muros,
los muros de los cuerpos desnudos
que nos acechan de noche o de día
en el fondo de las sábanas.
Hay poesías que se escriben a la esposa,
a la esposa del vecino, a la amante, a la amiga,
a la novia,
a la novia del amigo,
a uno,
a uno que partió sin rumbo fijo,
al niño que pasa, a lo que nos dejan los años,
a una tierna caricia
a un beso en los labios.
Hay poesías que se escriben por sí solas,
son las que caminan con uno
y que con nuestras cosas vestimos.
Ellas cargan con nuestros recuerdos,
se escriben por si solas.
Hay poesías que se escriben al amor
e igualmente a la guerra,
a una reconciliación lo mismo que a una pelea,
a la madre, a la abuela, o a la hermana o a la tía.
Hay poesías que se escriben
y sin importar cómo
ellas son siempre una canción
que se le canta a la vida.

 

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