Cultura

Hay dedos sin tacto que sustraen el éxtasis y lo devuelven multiplicado a tu boca en palabras

Humo de mis plegarias WordPress cabezal

Por Óscar Vargas Duarte

Dadas las circunstancias,
aceptando las imperfecciones del deseo,
así como la perfección
y el absolutismo de la indiferencia,
comprendo profundamente
la utilidad de los amores imposibles
al verlos hechos frasco fértil en las letras.

En un minuto de silencio
caben una noche,
tres guerras,
dos barcos empotrados en la pared de un coleccionista,
la medicina de quien se duele del colesterol,
un examen de estudiante sin oportunidad para lograrse,
la certeza de quien apuesta su salvación a los pasos de los gatos
perdidos tras las gotas sombreadas de la luna.
En un minuto de silencio
caben todos los ecos de Babel,
la secuencia del reloj medida en horas,
los movimientos líquidos del rostro,
y sobre todo, caben sesenta segundos de angustia.

Una línea de arena,
una fila de hormigas,
la mirada sin ojo del cíclope,
el rayo sin trueno en la tarde,
el dolor del boxeador en los guantes,
un ajedrez sin un rey en el tablero,
una peluca hecha de barba,
el pensamiento amorfo,
un silencio para desviar la atención de los otros.

Un lenguaje secreto
orquestado en la lluvia,
no conozco maneras de descifrarlo.
Presto pongo mis oídos,
dispuestos a recorrer y recoger
de esa lengua invisible las palabras.
Tengo la impresión de escuchar tu nombre,
me habla de ti, ese es mi deseo,
rueda voces sobre tu belleza,
tararea las canciones de tu gusto,
narra las historias preferidas de tu infancia,
desplaza hilos líquidos
abre ventanas hacia tu cuerpo,
tiemblo,
mi imaginación cae en combate,
no se rinde,
supone tocarte en el instante.

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