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De vientos y huracanes

Después del tremendo vendaval que cubrió todo México los últimos días, y de la brutalidad con que un espectacular destrozó dos vehículos en #Metepec, me asombré de la fragilidad de una ciudad entera ante un fenómeno climático de, para ser sinceros, poca intensidad. Los vientos del pasado miércoles llegaban a los 80 km por hora, un poco más del límite inferior de las tormentas tropicales. Lejos aún de la potencia de los huracanes.

Waves Breaking on a Shore circa 1835 Joseph Mallord William Turner 1775-1851 Accepted by the nation as part of the Turner Bequest 1856 http://www.tate.org.uk/art/work/N05495
Waves Breaking on a Shore circa 1835 Joseph Mallord William Turner

A mi capacidad de asombro se le sumó la pregunta: ¿qué protocolos de seguridad debemos tomar los ciudadanos en el plano doméstico, en nuestras casas, con respecto a nuestras familias y nuestros bienes, ante situaciones de tal o superior magnitud? ¿Cómo reaccionaría el Valle de Toluca ante un ataque de pánico de sus ciudadanos? Sin necesidad de ponerme tremendista, sólo precavido, pero ante los hechos irrebatibles de que nuestro planeta está cambiando, por nuestra culpa: ¿qué otros cambios le depara a nuestra cotidianidad no sólo en torno al clima [calor, lluvias, vientos], sino también respecto al agua potable, la fauna (sobre todo la de los insectos y las enfermedades que transmiten) y la alimentación?

PalesBasta de cataclismo y “paranoias”. Mejor pongámonos literarios. Los vientos huracanados me recordaron la pertinencia del verso de Gilberto Owen: “huye de mí que soyelvientoeldiablo que te arrastra”. También me recordó los del boricua Luis Palés Matos, tan danzantes como la brisa: “Las antillas barloventeras/ pasan tremendas desazones,/ espantándose los ciclones/ con matamoscas de palmeras” (“Preludio en boricua”). Sobre todo, me recordaron Tifón de Joseph Conrad: “Era un estruendo tumultuoso y muy fuerte, producido por el viento huracanado y los golpes del mar, con ea vibración profunda y prolongada del aire, como el redoble de un inmenso tambor marcando la carga del temporal”. Si bien este último es en el mar, la brutalidad del oleaje y con marinos, el viento no deja de ser un prtifonotagonista. Ya en a un paso de ponerme contemplativo -ateo como soy- me vino a la mente ese fervor sagrado del tremendum de la que habla Roger Caillois, esa fascinación mística que lleva al miedo pánico ante la cólera sagrada, sea esta el viento o Dios o la Madre Naturaleza/Pachamama o Ehecatl Quetzalcoatl o Eolo. Mejor cantaré: “vuelve primavera”.