Cultura

Una gotera de utopías cercena el vientre protector y me expone izado en tu nombre

Humo de mis plegarias WordPress cabezal Por Óscar Vargas Duarte

“La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones”
Juan José Arreola

Apagas el sonido de la alarma en el reloj,
te acercas,
me das un beso en la oreja,
la muerdes,
preguntas, ¿Soñaste?,
notas el movimiento de la cabeza para negar,
me escuchas decir,
no lo recuerdo,
dices, yo soñé para que estés aquí.
Sonríes al escuchar mi voz:
dentro de tu corazón hay una idea sobre mí que me es difícil superar,
lo que ves es menos de lo que hay,
lo que esperas es más de lo que puedes encontrar.
Sermoneas,
no presumas la inteligencia o la poesía,
solo quiero tu ímpetu dentro de mí.
Me das dos besos antes de salir de casa,
como una sentencia pronuncias,
salgo a la calle para encontrarte en la multitud,
aunque sé,
solo eres una proyección de mis ideas de ti.

Estoy donde me nombras,
soy la sombra de tu boca en movimiento,
el asombro entre tus dedos
enumerando tardíamente el olvido,
la mirada donde peinas mis ojos.
Son innecesarias tus vocales frutales,
las consonantes cayendo de la ducha,
tu desnudez a media pierna en la pijama,
las marcas del reloj anunciando el final de toda espera.
El frigorífico de la memoria
ha sido taladrado,
dentro de él cuelga una la luz incipiente,
y amplios se extienden
la oscuridad y lo prescindible de mis actos,
toda masa sin color o forma
en donde hayas puesto mi nombre.

Hay verdades que guardadas conservan una dignidad meritoria,
en cambio, expuestas son izadas al ridículo.
Una gotera de utopías cercena el vientre protector,
me expone izado en tu nombre,
— la esperanza entera por nosotros.
Cuando el sol alarga su ojo a la ventana,
me apresuro a recomponerme,
pongo en vez de lengua un pie,
a cambio del oído un hombro,
sin poder escuchar,
hablo a las patadas.
Me olvido de lavar la noche de mis ojos,
salto con ella puesta,
doy pasos con mi mirada oscura,
voy atropellando a los otros.
Hablo lenguas extrañas,
de otro tiempo y otra siembra,
aunque me lavo los dientes,
no me quito de la boca esas palabras,
esos idiomas,
y odio a todos porque me escuchan
sin comprenderme.

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