Los pilares invisibles

“El éxito de la vida no está en vencer siempre, sino en no desanimarse nunca”, así decía Napoleón. Y vaya que sabía de batallas: en las trincheras, en la política, en la cancha, en la cama. Los genios siempre andan en un nivel por encima de nosotros, los peatones. Y la historia está lleno de ellos. Pero, ¿quién acompaña a los genios?, ¿con quiénes comparten los triunfos y las preseas?, ¿con quiénes las innúmerables derrotas que preceden a los trofeos? Quizá ahí reside la mayor demostración del material inasible del éxito: el sostén anímico para no desanimarse y mandarlo todo a la mierda.

La novela de Yanick Grannec La diosa de las pequeñas victorias narra esas secretas e íntimas victorias, íntimas y caseras, muy probablemente para evidenciar los pilares “invisibles” de los genios. Ya saben, “detrás de un gran hombre…” Para Grannec importa menos la biografía del grandioso matemático y lógico Kurt Gödel (con quien Einstein solía pasear) que su evanescente esposa: Adele. A ella, arrumbada en un asilo, se le suma una investigadora académica Anna, quien tiene que convencer a la anciana de acceder a su archivo personal. El de la familia Gödel, se entiende. Ambas terminan queriéndose, en una suerte de mezcla del síndrome de Florence Nightingale y el síndrome de Estocolmo, que entrañables hasta el tuétano.

De paso, Grannec le da una lengua mordaz como la de toda abuela. Que conste que la autora confiesa haber inventando todo. Con el vértigo de la literatura comercial, pero con una construcción de personajes y atmósfera de altos vuelos, resalta la inteligencia sutil y contundente de los diálogos, los hace brillar y confluir en la historia. Por ejemplo, cómo sería una carne asada (nuestro equivalente a una cena) con Einstein y Von Neumann en los años cincuenta. Además, refleja el ambiente tenso de las universidades más prestigiosas del mundo, las de la Ivy league en la posguerra. De paso le da un repaso histórico al siglo XX, desde la Gran Guerra hasta los años 80, pasando por los nazis, la bomba y la carrera nuclear, sin olvidar la intimidad de una pareja dispar, sobre todo por la neurosis de Kurt.

Les comparto unas pequeñas perlas de la novela

  • El sufrimiento no es una competición. El luto puede aliviar. A veces, el recuerdo de la persona ausente es más soportable de lo que era su presencia
  • – Cada nueva generación está convencida de haber inventado la juerga y la desilusión. la desesperación nunca pasa de moda, igual que la nostalgia.

– La nostalgia también es una droga

  • – En Time [dice leí un artículo donde lo citaban [a Kurt Gödel] como una de las cien personas más importantes de este siglo [dice Ana]

– En esa lista también estaba Hitler. A ése prefiero olvidarlo [responde Adele].

– Hitler también cambió la Historia. A su imagen y semejanza.

– No creo en el diablo. Sólo en la cobardía colectiva. Es la cualidad humana más extendida, junto con la mediocridad. ¡y yo también me incluyo, no se crea!

También los invito a mi blog