Cultura Estado de México

Presentan libro de Heber Quijano basado en twitter ( tuiteratura): “Eco de un ave que estalla”

Arlette Rodríguez

Nuestra época es idólatra de la tecnología. Por ella se rige, avanza y se comunica. Esto último ha generado un nicho virtual del que buena parte del mundo forma parte: las redes sociales, que cumplen hoy un rol fundamental como herramientas personales, colectivas, lúdicas, inquisidoras, políticas e igualmente artísticas.

Un ejemplo de esto último es la denominada tuiteratura, en la que a través de Twitter se crean microficciones, aforismos, versos o cualquier estructura literaria que posibiliten los contados 140 (después 280) caracteres permitidos en cada publicación de la red social. En 2012, Heber Quijano se unió al ejercicio creativo y ocho años después sus creaciones digitales fueron reunidas en Eco de un ave que estalla, publicado por Diablura ediciones, una editorial toluqueña con, quizá, la mayor libertad estética de la ciudad.

Pese al contenido de la obra por venir de un medio tan fragmentario como lo es Twitter, pongo a favor del texto su versatilidad temática, que ofrece contenido crítico, irrisorio, reflexivo y permite al lector tener una experiencia llena de matices emocionales. Sin embargo, el pilar temático que resalta y es imposible no destacar es, sin duda, la violencia, a la que se alude desde el título del libro.

Su tratamiento permite ahondar en varios aspectos el contexto político-social del México actual, la crisis de la fe y la memoria, la deshumanización que vivimos, el destino envuelto de fatalidad o la orfandad, por mencionar algunos. De esta manera usa la vestimenta de la crítica social, relacionada con el quehacer tuitero del día a día, y le permite a Quijano exhibir la anatomía del hombre moderno que se encuentra fragmentado, mutilado.

Esta crítica social de la que hablo, sin embargo, se vale de motivos literarios para desarrollarse y de manera acertada permiten que haya un hilo conductor entre cada una de las partes en las que está dividida el texto: “Bala perdida”, “Milicia”, “Diente de león”, “Caracola”, “Tragafuegos”, “Estrella de mar”, “Distopías” y “Hombre de hojalata”.

Probablemente el motivo literario más mencionado a lo largo de Ecos de un ave que estalla es el de la bala perdida, una metáfora que se utiliza para remitir a la violencia física del mundo fáctico y a la violencia mental relacionada con la memoria, el destino y el azar. En todas las secciones del texto aparece de manera textual o simbólica: la bala perdida es disparada por la milicia; las balas perdidas vuelan como un diente de león; las balas perdidas poseen un eco como una caracola; “Todas las balas perdidas rechinan en la voz del tragafuego”; tanto las balas como las estrellas de mar, llegan a un hoyo negro; en una distopía, las balas perdidas han contribuido a un pueblo lleno de fantasmas; y, finalmente, en un mundo en donde la deshumanización nos está convirtiendo en hombres artificiales, en hombres de hojalata: “las corazonadas no suenan como el vuelo de los dientes de león sino como balas perdidas”.

Es interesante ver la evolución que el autor ha tenido a lo largo de sus publicaciones, por mencionar un par, ha pasado por el erotismo de Derroteros del alba (Premio Internacional de Poesía “Gilberto Owen Estrada” 2006); o por la muerte y la enfermedad de Esfinges de hojarasca. Ambos textos de alguna forma entrevén la experiencia individual, pero en Eco de un ave que estalla hay una experiencia colectiva, se encuentran murmullos de múltiples voces, sin contar que esta última demuestra el interés de Heber por incursionar en las nuevas vanguardias literarias que implican otra forma de discurso.

En una época donde las redes sociales tienen los titulares y el poder para decidir la suerte de cualquiera, el lenguaje de la palabra escrita se transforma en un medio por el cual no sólo extirpamos lo que nos consume de manera personal, también nos da la posibilidad de volvernos inquisidores de la comunicación y la opinión pública. El poder del click tiene la primicia y Quijano se vale de él para contarnos con su ejercicio lírico acerca de nuestro entorno y bombardearnos de realidad simbólica. También logra para crear imágenes que ofrecen belleza, la cual  —la historia de la literatura nos lo ha enseñado— puede manifestarse en múltiples formas, desde la más armoniosa e idílica hasta la más terrible y condenatoria.

Eco de un ave que estalla es una poderosa consecuencia de tuits que son enviados al ciberespacio y, pese a la brevedad de sus versos, logran consumarse en una obra. Lo recomiendo ampliamente, es el tipo de agridulce literario que invita a la reflexión en un año en el que más que nunca la necesitamos. Aunque no encontrarán una novedad temática o formal, hallarán atractiva la manera en la que el escritor es capaz de plantear ideas fuertes en un par de palabras, sumando los juegos verbales que realiza y remiten a la cultura popular y la gran paradoja que reside entre sus líneas: al contarnos acerca del carácter cruel, violento y artificial de nuestra sociedad, nos regresa, como lectores, a nuestra condición de seres sensibles y humanos.