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PRD y su intrincada manera de afrontar la próxima elección en el Estado de México

El PRD del Estado de México deberá decidir en los próximos días si continúa o no aliado con el PRI. En la elección de 2017 de gobernador mexiquense el PRD consiguió por sí un 20 por ciento de la votación, lo cual significó alrededor de un millón de sufragios. En las pasadas elecciones municipales los amarillos a penas y pudieron conservar su registro quedando arribita del 3 por ciento: no recuerdo un partido con una caída tan abrupta en tan poco tiempo.

Aún cuando a nivel nacional la alianza con los priistas y los panistas le dio al PRD respiro en algunas entidades federativas, a nivel del Estado de México andar de la mano con los priistas y los azules le ha traído desgracias y los acomodó al borde de la pérdida de su registro.

A contrapelo de los malos números para los perredistas mexiquenses, los priistas y los panistas obtuvieron jugosas ganancias de su coalición con los amarillos. En efecto, muchos distritos electorales y municipios que se ganaron por pequeñas desventajas frente a Morena, la coalición priista los consiguió porque los perredistas aportaron ese mínimo de votos necesario para la victoria PRI-PAN.

Y priistas y panistas no crea que son agradecidos o de buenos modos con los perredistas. Los tratan como si tuvieran sarna. En efecto, en el pasado proceso electoral desde la Secretaría de Gobierno del Estado de México se armó una estrategia para golpear a los dos principales grupos perredistas mexiquenses identificados con las figuras de Omar Ortega y Héctor Bautista. Los empleados de Alfredo del Mazo prepararon todo un entramado para destrozarlos. En el caso de Bautista mordió el anzuelo y se apuntó como candidato para alcalde de Neza. Todos fueron contra él: Sus antiguos discípulos (Hugo y Juan) . Incluso panistas y perredistas de Neza obraron en su contra. Desde la dirigencia del PRD los chuchos lo apalearon.

Y a Omar Ortega también se la prepararon especial. Este personaje sentía que tenía en sus manos el control de la dirigencia estatal del PRD a través de la figura del hombre de sus mayores confianzas: Cristian Campuzano. Sin embargo, entre chuchos y empleados de Alfredo del Mazo se pusieron de acuerdo para convencer a Cristian de traicionar a su antiguo promotor. Cristian pactó con los chuchos y Omar Ortega se quedó desamparado, solo y golpeado. Lo enviaron de candidato a un distrito donde esperaban que tuviera la peor de las derrotas. En ese distrito la dirigencia estatal del PRD hizo hasta lo imposible por perder.

La esperanza del Grupo Atlacomulco era quitarse de encima para siempre a los perredistas a los cual los ven como rémoras de la política. Sin embargo, algo hicieron los amarillos y lograron sobrevivir (de panzazo) a la coalición. Omar se puso las pilas y, con todo en contra, logró sacar un triunfo en un distrito en donde siempre había perdido. Bautista compitió, pero no vio la suya en Neza.

Pasada la elección (o el temblor), Omar y Héctor se vieron frente a un espejo y descubrieron que aún respiraban. Tenían hoyos por todos lados y la sangre política les escurría por la cara, pero sobrevivieron. En medio de su desgracia hicieron lo impensado y los dos personajes que se encontraban peleados a muerte se unieron.

En efecto, se dio una alianza entre Omar Ortega y Héctor Bautista. Esta alianza les permitió frenar a los chuchos y retomar el control del Consejo Estatal del PRD, la dirección estatal, la representación de la Cámara de Diputados, la mayoría de los alcaldes electos, así como de los regidores triunfadores en la pasada elección. Juntos, Omar y Héctor le dieron respiro institucional al PRD y prácticamente volvieron a sacar a los chuchos del Estado de México.

La pregunta que ahora los simpatizantes de Omar Ortega y Héctor Bautista deben auto responderse es obvia: una vez retomado el control del PRD mexiquense ¿es oportuno seguir aliados con el PRI y el PAN? El sentido común indica que debiera trazarse una clara línea de separación. Digo, el PRD obtuvo 20 puntos por sí solo en la elección de gobernador y cayó a tres puntos con la coalición en la pasada elección municipal. De acuerdo a estos datos la respuesta sensata es obvia: traza tú raya mano. Pero la sensatez no es exactamente el elemento racional mediante el cual se pueda prever el comportamiento del PRD. Extrañas cosas pasan en la cabeza de los dirigentes y los hacen tomar decisiones alejadas hasta del sentido común.

El escenario para el PRD se complica con la aparición del duo Zepeda-Dante Delgado en su calidad de dirigentes de Movimiento Ciudadano. La primera apuesta de Juan Zepeda es desaparecer al PRD. Para ello desde hace casi dos años se ha dedicado a hablar con dirigentes intermedios para convencerlos de pasarse a la causa naranja. Zepeda fue un elemento fundamental (no el único, pero insidió) para que el PRD perdiera tres municipios que gobernaba desde hace mucho: Neza, Tultepec y Ocuilán. Zepeda, en calidad de pica-piedra, sigue haciendo el trabajo sucio y tratará de dar el golpe mortal a sus antiguos amigos.

En este contexto debemos enmarcar si el PRD tendrá candidato o candidata a gobernador del Estado de México. No tienen mucho para dónde moverse. Si se inclinan por conservar su alianza con el PRI o el PAN, más les vale garantizar convenios con porcentajes de sobrevivencia. Pero, si optan por el alejamiento, ya es momento de perfilar candidato o candidata. Cada día vencido actúa en su contra y, la verdad, no quedan muchos días. El tema sigue abierto. Escribe: Edmundo Cancino. Columna: Cuentos y Cuentas.