Entre la ceguera y el arte

Atril de lupas wordpress cabezal 470x150

Por Heber Quijano

Ya saben, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Así que demos un vistazo a la ceguera en el arte. Un día, así, de buenas a primeras, en una ciudad cuyo nombre no tiene importancia inicia una epidemia de ceguera. Así, poco a poco, una mujer indemne al contagio descubre al lobo que hace hombre al hombre. Esta historia, Ensayo sobre la ceguera, es quizá una de las más exitosas del noble portugués José Saramago, y fue llevada a la pantalla grande por Fernando Meirelles, con Gael García Bernal, Danny Glover y Julianne Moore.
El inglés H.G. Wells escribió también un relato, “El país de los ciegos”, en el que un explorador llega a un extraño lugar en los Andes, en el que todos son ciegos. Sin embargo, en un mundo para ciegos su vista le sirve para absolutamente nada, poco a poco la sociedad lo va orillado a sacarse los ojos para encajar en ella. De nuevo, ya saben, al lugar al que fueres has lo que vieres. Cómo no recordar la angustia y desesperación del Edipo incestuoso arrancándose los ojos para castigarse por haber llevado la desgracia a su pueblo, por haber matado a su padre y tener con su madre una relación poco apropiada. O el un poco esquizofrénico y demandante capítulo “Informe de ciegos” en Sobre héroes y tumbas, quizá la cumbre narrativa de Ernesto Sábato.
El escritor argentino Jorge Luis Borges se fue quedando ciego con el paso de los años, y alguna de sus muchas conferencias habló de la ceguera con el estilo deslumbrantemente lúcido y lleno de información que lo caracteriza. José Mármol, el autor de la romántica novela Amalia, también se quedó ciego. El inglés John Milton escribió sobre su ceguera y su piadosa vida espiritual: “Millares se lanzan, si Dios lo ordena/ y avanzan sin reposo por la tierra y los mares: pero también le sirve quien, inmóvil, espera”.
El mundo de la música tiene a sus representantes, muy famosos por cierto, como Ray Charles, Stevie Wonder, José Feliciano o Henry Butler, quien también hace fotografía. Casi todos cayeron en los clichés del chiste burdo y simplón del cualquier showman en turno. En la pintura sobresale el caso del turco Esref Armagan, quien a diferencia de casi todos los anteriores, nació ciego. En la fotografía tenemos los casos del estadunidenses Ralph Baker y del maravilloso esloveno Evgen Bavcar. Cabe señalar también que ahora hay ciertas tendencias terapéuticas para quienes han perdido la vista, que consisten en pintar o en fotografiar, y cuyo éxito en Argentina y El Salvador hace pensar en la prioridad de la mirada en este mundo bombardeado de pantallas y ventanas cibernéticas. En este mundo en el que “una imagen dice más que mil palabras”, la ceguera excluye, margina y aparta, ¿cuándo abriremos los ojos?

@heberquijano

Blog

Ya viene la Feria Internacional del Libro de Guadalajara

Atril de lupas wordpress cabezal 470x150

Por Heber Quijano

Estamos a unos días de que inicien las actividades de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) y la agenda rebosa de alegría. La FIL es más que un simple mercado de libros; es también un contacto con la cultura del país invitado, una catapulta para las editoriales y los lectores y un negocio que ronda, según las cifras oficiales, los 41 millones de dólares y los casi 800 mil asistentes (¡cerca de un millón!). Con ese monto, me parece, todas las ferias de libro estatales deberían apuntar a semejante objetivo y proyectarse con tales ambiciones.

Durante todo este 2015 se realizó el Año Dual México-Reino Unido que confabuló una gran cantidad de eventos culturales, exposiciones e intercambios que, además de asombrar, vincular y brindar una amplia gama de oferta cultural, nos pone casi a un costado del Támesis, con todo y Shakespeare Globe. La cercanía con el Reino Unido es mucho mayor de lo que pareciera y lo han demostrado, por ejemplo, las exposiciones en el MUNAL. La literatura británica es el plato fuerte, y sobra decirlo. Desde el ya canónico Salman Rushdie hasta el otrora l´enfant terrible Irvine Welsh, pasando por las bandas que estarán ofreciendo conciertos gratuitos a las puertas de la entrada.

Más allá de semejante cartel, hay ciertas perlas a considerar en el ámbito de la literatura. Primero, la serie de Latinoamérica viva y Festival de las Letras Europeas, un atisbo de lo que se debe perseguir en las ediciones, probablemente, sólo conseguibles en la misma FIL, si bien nos va. Segundo, los autores latinoamericanos que son revelaciones: la chilena Andrea Jeftanovic a la cabeza, seguida de la argentina Pola Oloixarac, el panameño Carlos Wynter Melo y el poeta cubano-español Richard Blanco, quien escribe en inglés. Y, como se ha venido repitiendo, la programación de Destinacao Brasil, siempre tan activa. No olvidemos, sobre todo, que la FIL es también los pasillos los libros nos descubren y nos eligen, como niños en dulcería.

@heberquijano

Blog

El arte de la gambeta: literatura y futbol

Atril de lupas wordpress cabezal 470x150

Por Heber Quijano

La horda de prejuicios entorno a la cultura, la literatura y la intelectualidad es un lastre que no podemos quitarnos de encima. Todavía se tiene la mala noción de que ser culto es andar con traje de gala en los palacios donde se tañen las arpas románticas, tocadas por los espíritu sublimes de la inspiración. Desde la antropología se nos ha confirmado el error: la cultura es mucho más que ese nudo de ratas petulantes por su abolengo —sanguíneo, académico o meramente ilusorio— que blufean como si trajeran el póker de mano. La cultura tiene estratos y sustratos, escalones arriba y abajo, en los que podemos andar sin distraernos de la vida. Etiquetas llamadas de manera clasista: alta cultura y cultura popular.
En ese pliegue lleno de arrugas está el futbol. Hablar de futbol no es algo que se permita o se vea con buenos ojos en la alta cultura. Si bien es cierto que, por mercadotecnia o por sincero interés, la obra de Eduardo Galeano y Juan Villoro han sido recuperadas para acortar las distancias, también es cierto que los periodistas deportivos (en su mayoría) se han quedado en esas dos referencias. Ellos han mejorado. No así el ámbito intelectual, en su mayoría y con excepciones (¿tengo que repetirlo?), que todavía desprecia temáticas deportivas. A menos, claro, que se blufee con Píndaro y los olímpicos griegos.
Para no hacer más largo el cuento y entrar en materia, recomiendo la lectura Tres actos y dos partes de Giorgio Faletti. Primero por la prosa ágil y bien estructurada del versátil y fallecido comediante, poeta, músico y compositor italiano. Segundo, por el conflicto padre-hijo, que se expande de manera metonímica con el ciudadano-ciudad, en este caso enfocado como un reproche desde el guiño entre línea con las ciudades Turín y Milán. Tercero, por la identidad construida entorno a un equipo deportivo. Cuarto, la relación de las apuestas y la corrupción —hoy en el ojo del huracán por los fraudes en la FIFA, bajo la responsabilidad sospechosa de Joseph Blatter—, donde podemos revelar el guiño hacia equipos como la Juventus y el AC Milan, en el ahora sintomático y ejemplar escándalo Calciopoli. Que se oiga el silbatazo inicial

@heberquijano

Blog

El canon mexiquense

Atril de lupas wordpress cabezal 470x150

Por Heber Quijano

Ya sabemos que leer no es una de las actividades predilectas de los mexiquenses, ni de los mexicanos. A unos días, valga la redundancia, del Día Nacional del libro —instituido vía decreto presidencial en 1979 el 12 de noviembre, en honor a la mexiquense Sor Juana Inés de la Cruz— me parece plausible recomendar Summa de Días, una colección del Fondo Editorial del Estado de México (FOEM). Una colección con grandes aciertos no sólo en el formato editorial —la pasta dura y el CD con la voz de los autores leyendo sus textos— sino también la selección de los autores —en este caso con compilaciones antológicas de sus trayectorias—, fiel al carácter público del FOEM y al de sus ediciones, en este caso para promover la lectura.

Si se ha especulado sobre la posibilidad de una literatura “mexiquense”, esta colección bien podría confirmar las voces más persistentes en el tiempo y, en los mejores casos, las plumas más pulidas en el ámbito literario del Estado de México, y de Toluca en particular. En manos de los lectores y de los académicos quedará la aseveración respecto a si hay un estilo “mexiquense” o no, a través de la obra de los más de treinta autores de la colección. Sobra decir: algunos mejores que otros (obviedad de obviedades).

Sin embargo, los lectores asiduos de estos escritores nos congratulamos con las antologías que, de otra manera, sólo se conseguiría en los vestigios de las ya casi extintas librerías de viejo, o alguna que otra biblioteca. En mi caso, disfruto de los autores de mi preferencia, la calidad de los mismos y confirmo mis preferencias. El balón ahora está en la cancha de la distribución física, puesto que casi todos se pueden descargar de manera gratuita, y la difusión. Por mi parte, abono a ello en esta humilde columna, como ya lo he hecho en otros medios con textos y autores específicos. Ya me tocará, en su momento, conseguir los autógrafos.

@heberquijano

Blog

La Muerte más divertida

Atril de lupas wordpress cabezal 470x150

Por Heber Quijano

Ahora que se viene el Día de Muertos —y que nos acercamos a los cementerios como devotos amantes de nuestros amados, válgame la redundancia para enfatizar a nuestros seres queridos— se hace pertinente darle una hojeada a la Muerte. El hedonismo de nuestra época sufre cada vez más con la confrontación con la muerte, y el trance de duelo es cada vez más corto y poco higiénico (bien lo ha señalado Darian Leader en La moda negra y como lo enseñaban los ars moriendi medievales). Ello combina perfectamente con la iconografía más arraigada en el imaginario popular ―tremendista y apocalíptica― que hace de su imagen una efigie que anda con su guadaña segando la tierra de humanos.

Entre las grietas de esa imagen, hay instantes que ponen a la Muerte con ciertos rasgos humanos que ponen en entredicho lo siniestro de su presencia. En A la diestra de Dios Padre, Tomás Carrasquilla hace que Peralta, un campesino demasiado mustio y suspicaz, consiga que La Muerte no pueda moverse sin su permiso mediante un engaño. Así, el futuro y el poder casi absoluto sobre la humanidad recaen en Peralta, hasta que Jesús y San Pedro le ruegan dejar libre a la Muerte, pues si no el mundo no saldría del caos en el que se encuentra. Sin el tono lúdico y francamente divertido de Carrasquilla, en Intermitencias de la muerte, el nobel portugués José Saramago, indaga la misma temática pero desde la afilada reflexión de nuestro siglo XX.

En La dama del alba el dramaturgo español Alejandro Casona convierte a la muerte en una peregrina que visita la casa de unos hacendados de una ciudad de Asturias. En una reflexión ante el patriarca familiar, la Muerte —disfrazada de Peregrina— le confiesa su dolor por sentirse sola, con el castigo de la inmortalidad y con un ansia por vivir y sufrir los sentimientos de los humanos. La versión mexicana fue protagonizada por Emilio Tuero y Marga Lopez. Las distintas versiones cinematográficas hacen de la Muerte un personaje carismático, mucho más simbólico y menos acartonado que el Joe Black de Martin Brest, interpretado por el más insípido Brad Pitt. En la película homónima, la Muerte está personificada ahora en un hombre totalmente fotogénico y patéticamente ñoño. Sin embargo, también padece de sentimientos humanos.

Esta postura humanizada recuerda las danzas macabras medievales, donde varias calacas se ponían a mover el esqueleto en un fandango muy peculiar. De ahí proviene, por ejemplo la Danse macabre de Camille Saint Saëns y la versión Skeleton dance de 1929 de Walt Disney. Con esa misma picardía hay vitrales en los que la Muerte asemeja un niño haciendo travesuras, como el de la Catedral de Mönsterplatz de Berna. Además de los grabados de Posada, en México tenemos una larga lista de calacas haciendo de todo en la Feria del Alfeñique, que bailan, beben, juegan futbol, y en el extremo de la paradoja, dan a luz a calaquitas de azúcar, para comernos la Muerte a mordidas, mientras encendemos nuestro duelo familiar con luces de cempasúchil .

@heberquijano

Blog

Los avaros: hasta que se rompa el saco

2015 09 10 Atril de lupas Logo

Por Heber Quijano

2015 10 22 Jheronimus_Bosch_Table_of_the_Mortal_Sins_(Avaricia)2“Avaro es el que no gasta en lo que debe, ni lo que debe, ni cuándo debe”. Esa frase atribuida a Aristóteles probablemente nos revela el espíritu del consumo de los avaros. En contraste, el estereotipo del avaro es siempre tan risible, que se ha convertido en un lugar común. Y ejemplos hay muchos, desde el juez que se deja sobornar en un fresco de Hieronumos Bosch hasta el empresario capitalista —decían los marxistas Ariel Dorfman y Armand Mattelart— Rico McPacto.
En la antigua Grecia, ya había burlas sobre los avaros. En la antología palatina de epigramas, hay un caso de un avaro enfermo y agónico que por no gastar su dinero en su propio funeral prefirió seguir agonizando. Plauto hizo de su personaje Euclio el primero de esos maniáticos que no desperdician ni una sola moneda en absolutamente nada. En la Edad Media, el imaginario le puso a los dragones un amor casi místico por el oro y Dante Alighieri tiene un círculo para los avaros con distintas gradaciones. En la Francia del Rey Sol, Moliere se basó en Plauto para hacer de su avaro Harpagón un apelativo común en la lengua gala. En la Inglaterra isabelina, Shakespeare se burló de la codicia del judío Shylock, otro de los prototipos de los prestamistas implacables cuyos intereses son como el yugo de la yunta. En el victoriano siglo XIX, Charles Dickens realizó la parábola más precisa sobre la incoherencia de la avaricia, en Cuento de Navidad. Ebenezar Scrooge, por dinero, ha perdido a sus amigos y familiares en el intento. Bien podríamos poner en esta lista a Golum y toda la parábola de Tolkien.
Ninguno estaba equivocado. La avaricia es uno de esos pecados que, en esta sociedad moderna, parece pasado de moda. Sobre todo en el contexto de la violencia simbólica de los mirrreyes y de los narcojuniors, cuya vigorosa petulancia es mucho menos superflua de lo que se cree. Lo compro, lo hago, lo despilfarro porque tengo, porque puedo y porque quiero.
La avaricia es nula y superficial, y tiene una melliza más siniestra y esplendorosa: la ambición. Ambas han movido al mundo como un huracán

@heberquijano

Blog

¿Leer a los Nobel?

2015 09 10 Atril de lupas Logo

Por Heber Quijano

La semana pasada se falló el premio Nobel de Literatura en favor de la escritora bieolorrusa Svetlana Alexiévich (ya hablamos de ello la semana pasada). Entre las miles de opiniones surgidas en torno al tema, un entrañable amigo me pregunto: ¿qué tan importante era leer a los Nobel?, ¿el hecho de haber sido condecorados convierte a los galardonados en candidatos irrevocables para nuestra lista de lecturas futuras? La pregunta no es nada simple.

La vida es corta y se nos va en las cosas urgentes, que siempre le roban el espacio a las cosas en verdad importantes. El tiempo para los placeres simples y sublimes —leer un buen libro, disfrutar de una buena película, o una charla o una comilona con la gente amada, realizar ese viaje espontáneo— cada vez es más complicado.

La vida es corta y se nos va en las cosas urgentes, que siempre le roban el espacio a las cosas en verdad importantes. El tiempo para los placeres simples y sublimes —leer un buen libro, disfrutar de una buena película, o una charla o una comilona con la gente amada, realizar ese viaje espontáneo— cada vez es más complicado. Nos ganan las jornadas laborales de 10, 11 horas; nos gana el tránsito y su fila infinita de semáforos en rojo. Así que darse un espacio para leer un libro es un lujo, aunque debería ser una necesidad (conste que no estoy pidiendo que superemos la cantidad promedio de libros leídos por los escandinavos; ¡no tenemos tanto invierno!). Con tal suerte, una lista de libros no es una mala idea. Incluso si nos arriesgamos a ese divino derecho a equivocarnos.
¿Los premios Nobel merecen estar en esa lista? Sí, en su mayoría. Pero también hay muchos, miles de escritores fantásticos sin esa etiqueta, no sólo dignos de ser leídos, sino mejores que los premiados. Y en definitiva más en cantidad. Mera estadística y sentido común. Ahora, la red nos permite acercarnos muy fácilmente a mucha información: una breve ojeada a Google nos dará un derrotero de las temáticas de cada premio Nobel. Si estas temáticas nos interesan y con la certeza terrible del reduccionismo, puedo proponer empezar con el mejor libro o el más famoso del Nobel en cuestión. Y de todos los otros escritores, vivos y muertos. Si nos gustan, entonces podremos seguir con algún otro título, hasta que nos gane otra curiosidad, el tiempo, la vida, la urgencia.
¿Cómo hacer pues esa lista? Simple: sin el temor a equivocarnos y dispuestos al regocijo de sorprendernos

@heberquijano

Blog

Los entresijos del Nobel

2015 09 10 Atril de lupas Logo

Por Heber Quijano

Los premios Nobel son un suceso mundial, en específico el de Literatura y el de la Paz. El segundo es mucho más polémico que el primero. Y para cuando ustedes lean esto muy probablemente ya se sepa su ganador. El Nobel de Literatura, por su parte, es un desfile mediático. Hay casa de apuestas pendientes, corresponsales especializados, especuladores de las editoriales haciendo puja y acechando a los agentes literarios y millones de lectores en el mundo listos para enarbolar con orgullo a un autor que ya han leído o en busca del libro del nuevo ganador. Hasta ahí todo parece normal. Pero hay mucho más en juego.
El carácter secreto, casi cónclave de la Academia Sueca, despierta mucha expectativa, puesto que no hay nunca listas sobre los candidatos. Eso les permite atizar su fuete de beneplácitos a muchos sectores y ámbitos, todos implícitos en su decisión final. Por ejemplo: galardonar un escritor con una ideología, de un idioma y/o país, o con una temática precisas. Otorgar un Nobel de Literatura se convierte en toda una declaración de principios, y la mayoría de las veces así se puede interpretar tal reconocimiento. Pueden darse una vuelta a lo que opina Marta Bausells en The Guardian, que es revelador
No he leído a Svetlana Alexievich, así que no puedo decir si estuvo bien o mal reconocerla con el Nobel. Había muchos escritores maravillosos que sí he leído, y que seguiré leyendo, entre los candidatos que me hubiera gustado que ganaran. Sin embargo, qué bueno que el Nobel ahora hará que las obras de la bielorrusa se traduzcan y publiciten más. Su obra —dicen los periodistas de El País y New York Times— tiene constantes: relatar la caída de la utopía soviética —y por ende, de ese socialismo—, recriminar el régimen autoritario, dar voz a los damnificados y dejar que hablen los protagonistas, por citar lo más evidente. Bienvenida a mi librero, más si es cierto que es “tan buena como Shakespeare”.
No obstante, también podemos leer desde otro perfil: se reconoce, como dice Guillermo Altares de El País, “el triunfo de la No Ficción” —ya sea el reportaje, la crónica, el ensayo, las memorias—, por ende, al periodismo; se reconoce una voz disidente de un país periférico de la Gran Europa, aunque occidental, es decir, ni oriental, ni árabe, ni africano; se reconoce al género femenino. Y en ese mismo perfil se aumenta un año de no triunfo a los escritores norteamericanos, que vaya que literariamente lo merecen (Roth, Auster, DeLillo, McCarthy, Pynchon y mi favorita Joyce Carol Oates, entre muchos más)

@heberquijano

Blog

Los invisibles hilos del destino

2015 09 10 Atril de lupas Logo

Por Heber Quijano

El augurio implícito en una mariposa nocturna (son mal agüero los ratones viejos, dicen en mi barrio), la secreta conversación de un río con los caminos y campos que irriga, la intangible conexión de dos gemelos y, sobre todo, los comportamientos heredados a través de la palabra, la devoción y el influjo cultural dominante del padre hacia los hijos, así como la sumisión contenida en el silencio y el acatamiento de la madre, todos, son hilos invisibles del destino. O lo que la guapa escritora hindú Arundhati Roy evoca y concluye en su única novela, la maravillosa El dios de las pequeñas cosas. Y es que lo sabemos bien, en los detalles está el Diablo.

Ganadora del Premio Booker de 1997, publicada por una casa editorial tan prestigiada como Harper Collins y con un éxito desaforado, la novela de Arundhati Roy no sólo la llevó a la cumbre de la fama, también la colocó como una voz tan febril y atractiva como la de Gabriel García Márquez, y le adjudicó el epíteto de “realismo mágico poscolonial”. En otros casos se le vaticinó como la renovadora de las letras hindúes llamada a sustituir el boom de Salman Rushdie.

Más allá del ardid publicitario, El dios de las pequeñas cosas narra una historia entrañable de dos gemelos que aprenden a sobrevivir y a sobrevivirse en el ambiente pueblerino de Kerala, entre los destellos de comunismo, el insoportable y persistente sistema de castas—como en el caso de las tres novelas anteriores de esta columna—, sólo que la rispidez emocional de los protagonistas se acelera con la intromisión de las ideas cristianas confrontadas no sólo por la realidad —que ya con eso tienen suficiente— sino también con las otras religiones dentro de la India.

La prosa de Roy añade los modismos de Kerala a la menor provocación, uno de sus aciertos para los lectores nativos del inglés; para quienes llegamos vía la traducción, descubrimos un sabor a deleite y a poesía, aun cuando la escena sea siniestra, trágica, obscena, grotesca o terrible:

El mar era negro. La espuma, de color verde vómito.

Los peces se alimentaban de vidrios rotos.

Los codos de la noche se apoyaban sobre el agua, y las estrellas fugaces rebotaban en ella y se disolvían en miríadas de fragmentos.

Las mariposas nocturnas iluminaban el cielo. No había luna” (252)

Arundhati Roy dejó la ficción para convertirse en una de las voces más resonantes del activismo mundial y de aquello que en algún momento se llamó “alterglobalización”, donde ha logrado hacer escuchar su voz. Ojalá algún día nos regale otra novela.

Arundhati Roy, El dios de las pequeñas cosas, Barcelona, Anagrama, 1998 [2012]

@heberquijano

Blog

Atisbo a la India III, Tierra desacostumbrada de Jhumpa Lahiri

2015 09 10 Atril de lupas Logo

Por Heber Quijano

Cuando las cosas no tienen un nombre común a nuestro lenguaje, optamos por renombrarlas o, en el peor de los casos, ignorarlas y olvidarlas. La maestra del kindergarden de Rhode Island decidió llamar Jhumpa a la londinense Nilanjana Sudeshna Lahiri. El cariñoso sobrenombre “Jhumpa” era la forma más sencilla para la maestra de simplificar el extraño idioma y lo que ello implica.  Así nos pasa con todas las sagas que no son occidentales, desde los complicados nombres escandinavos hasta los de la Europa Oriental, Rusia, los países orientales y todo el mundo musulmán. Hoy Jhumpa Lahiri es una de las voces consolidadas dentro de la literatura que se produce en lengua inglesa. La joven y guapa escritora, casada con un guatemalteco, es ahora docente de Princeton, es miembro del comité de Artes y Humanidades elegido por Barack Obama, ganó del Pulitzer por El buen nombre y fue nominada al Man Booker y al National Book Award por La hondonada, entre muchos otros galardones más.

En el caso de Tierra desacostumbrada tenemos un abanico de personajes que fusionan el sentido de pertenencia familiar y cultural de la patria hindú con el de sus vecinos “pudientes”: blancos, protestantes, norteamericanos, si acaso algún latino.

La escritura de Lahiri es pausada y entreteje con paciencia no sólo las situaciones, los caracteres de los personajes y su respectivas voces, sino ese ligero sopor metafísico que sufren los hijos de los migrantes hindúes para adaptarse a otra cultura, fuera del seno familiar y de ese refugio para la identidad: la casa. En el caso de Tierra desacostumbrada tenemos un abanico de personajes que fusionan el sentido de pertenencia familiar y cultural de la patria hindú con el de sus vecinos “pudientes”: blancos, protestantes, norteamericanos, si acaso algún latino. El contexto es bastante afable en ese ámbito socioeconómico, pues no existe la violencia del rechazo frontal como el que sufren nuestros mojados; pero aflora los confrontaciones de ese milenario sistema de casas hindú: “Navin era lo que sus padres denominaban un ´no bengalí´, es decir, alguien de cualquier provincia de la India que no fuese de Bengala Occidental. Sus padres eran hindupunjabies que vivían en Calcuta, y Navin había ido a Estados Unidos para obtener el doctorado” (p.312).

Con las historias de Lahiri estamos ante el presente más próximo de nuestro siglo: el sincretismo, la fusión de los migrantes en esa nueva cultura que se llama mestizaje, no sólo en Europa ni en Norteamérica, sino en todo el mundo. Su caso es similar al bilingüismo del dominicano-neoyorkino Junot Diaz, pero también al de la literatura en inglés de Nabokov. Probablemente el flujo de información de la actualidad nos ha puesto este mestizaje en la mesa de centro de la “alta cultura”.

Jhumpa Lahiri, Tierra desacostumbrada, Ed. Salamandra, Barcelona, 2008 [2012]

Twitter.

Blog.