El verdugo de la expectativa

¿Les ha pasado que cuantos más huevos le ponen a la canasta, más huevos pierden… o más duele la pérdida, la derrota, el fracaso…? Podríamos pensar esta circunstancia en una ecuación incomprobable –porque la vida real nunca acepta parámetros– pero podemos arriesgarnos: a mayor expectativa, menor probabilidad de satisfacción…

Quizá la mejor explicación sea la del amor: tenemos tantas expectativas en un príncipe azul, en una princesa con mil virtudes, que al descubrir que somos todos falibles, nos desilusionamos del amor. A todos nos ha pasado y hemos tomado por consigna al mismísimo Juan Gabriel: “Yo / no nací para amar. // Nadie / Nació para mí…

Lo mismo pasa en la política. Hemos crecido, vivido, y sufrido tantas expectativas con esos malos representantes ciudadanos que se hacen llamar políticos que tenemos el fracaso en la punta de la lengua y la frustración tan a la mano en ese cuchillo que se llama voto de castigo…, o voto útil…, o voto de venganza (como le llamaba Dany Collins).

Los grandes fracasos del sistema representativo en la segunda mitad del siglo XX provienen de esta ruptura entre “expectativa” y “sentido común”. Me explico: ni un político ni un partido político van a solucionar los problemas de una ciudad, de un municipio, de un estado o de un país… es obvio e impostergable aseverar que, para eso, necesitan el empuje de la sociedad civil, organizada o por organizarse. Justo como si persiguiéramos mamuts.

Pero, y he aquí lo crucial, es que, si no lo hacen los políticos y los partidos políticos, entonces no tiene sentido su existencia. Mucho menos el presupuesto y prerrogativas que reciben. Y vaya que en México son muchas.

Es innegable que las expectativas de cambio en este nuevo periodo presidencial son muchas. Y son muchos los resultados que esperamos… pero ¿qué pasará si no cumplen con las expectativas? o, en su defecto si hemos puesto más expectativas de las que son posibles de cumplir. Si queremos apuntar hacia el México que merecemos no podemos dejar nuestros cuestionamientos en pretextos.

Justo en este momento en que parece que inicia la “cuarta transformación”, tenemos que preguntarnos si nuestras expectativas corresponden con las posibles respuestas y soluciones a las mismas; o, de lo contrario, si no le estamos poniendo muchos huevos a la canasta… o si no los pusimos a la canasta adecuada… o si, de plano, fueron muchos huevos mal administrados… ¿Cuál será el parámetro inteligente que responda a esta canasta tan grande que llamamos México?

Lo que nos dejó 2017

¿Cómo recibir un Año Nuevo sin sufrir en el recuento del año agonizante? Las circunstancias de cada año nos dan para tener un superavit, un saldo a favor respecto a lo que vive y su sufre la humanidad, o si quieren nuestra sociedad (pónganle círculos concéntricos con un eje en:______).

Así pues, justo como las manías por hacer listas de lo mejor y lo peor del año, recibir el Año Nuevo con un recuento de qué nos heredó el año agonizante y que nos depara el siguiente es uno de nuestros ritos civiles más esparcidos por el mundo. Probablemente, el único estrictamente civil que excluye cualquier infiltración religiosa, agrícola o climática. En ese contexto, 2017 fue muy poco alentador, por hecho muy concretos: la liberación formal del precio de la gasolina, la asunción al poder de Donald Trump con todas sus consecuencias (su renuencia a los protocolos en torno a detener el cambio climático, la persecución de migrantes, la salida de la UNESCO de la Unión Americana, el aumento del dolar…), la confirmación de la violencia (este fue el año más atroz para la sociedad mexicana y su derivación en la Ley de Seguridad Interior. Eso a ojo de buen cubero y sin enfocarnos en casos particulares de algún estado o región.

Del lado bueno, para no ser tan tremendista, está el inicio en la transformación de los esquemas de comportamiento entre hombres y mujeres, gracias a las denuncias alrededor del mundo por parte de las mujeres agobiadas. Me refiero a la concientización por parte del sector masculino de las consecuencias de actos y acosos, así como las consecuencias legales y civiles (desde la infamia hasta el estigma). También percibimos un despertar de la sociedad civil a partir de la solidaridad y el esfuerzo en la ayuda y apoyo a los damnificados por los temblores, cuyos ecos resonarán fortísimo, ya verán que sí, en 2018.

En el plano personal, cada quién sacará su saldo de este 2017. Lo cierto es que somos arquitectos de nuestro propio destino, como bien lo dijo el Quijote, y 2018 no se quedará esperando a que nos decidamos a hacer lo que nos corresponde.

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