Maravillas minúsculas

Las peores pesadillas casi siempre incluyen un insecto: arañas, hormigas, escorpiones, avispas, larvas, mosquitos, langostas, moscas…, casi todos proclives a provocar genera una sensación en primera instancia, de repulsión y después de mordisqueo, de pululación, de inyección, ante el cual siempre nos sentimos vulnerables ante ese burbujeo que linda entre lo carnívoro y lo putrefacto. El ejemplo más cercano, me parece, es el video Lullaby de la banda inglesa The Cure. Cuando por fin pude conseguir el fantástico libro de Pablo Soler Frost, Oriente de los insectos mexicanos (un libro que había buscado por más 10 años) se me revelaron ciertas intuiciones que, creo, todos hemos tenido. Pongo una por ejemplo: “La intuición de que los insectos no proceden, como nosotros, de Dios, es antigua” (p.21), aquí el ejemplo de ese desarraigo vital, sería el Gregorio Samsa de Kafka.

En contraste, los insectos nos maravillan, por su ingeniería y su física, por su fuerza ( con el escarabajo Hércules y muchas hormigas como símbolos), por su organización casi militar, por su “colonización de todo ambiente: hielo, agua, profundidad, tierra, subsuelo, caverna” (p.23), por sus maravillosas metamorfosis (kafkiana o casi sublimes, como las de las mariposas), por sus costumbres (la hormiga, es el único ser vivo, además del hombre “que entierra a sus muertos”, por su fisonomía (Mantis Religiosa), por sus costumbres sexuales y alimenticias… A ello debemos sumar la potencia cultural y económica que provocan, como la industria misma creada por la seda del gusano en el Oriente Lejano. En México, y en ello, se solaza el libro de Soler: la grana cochinilla.

Además, el recuento de las implicaciones mágico-religiosas e históricas de algunos insectos en el México antiguo son dignas de un edición por sí sola, pues, como bien señala, Mircea Eliade “El universo está lleno de connotaciones sagradas”. Quizá tanto asfalto y acero nos provea, habitantes del smog, de un asombro por la flora y la fauna, cada vez más lejana a nosotros


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Con abstinencia sexual escarabaja obliga a escarabajo a cuidar sus crías.

Cuidar de las crías o seguir reproduciéndose es un dilema para la mayoría de animales. Sin embargo, en el caso de los escarabajos enterradores, las hembras exhiben una infertilidad temporal a través de una feromona antiafrodisíaca. De este modo, ambos progenitores concentran todos sus esfuerzos en el cuidado de las larvas.

<p>Una hembra de escarabajo enterrador alimenta a sus larvas alojada en el interior del cadáver de un ratón. / Heiko Bellmann</p>
Una hembra de escarabajo enterrador alimenta a sus larvas alojada en el interior del cadáver de un ratón. / Heiko Bellmann

Cuando los animales tienen crías pueden ocuparse de ellas o centrar su energía en su futura progenie. En el caso de los escarabajos enterradores o necróforos (Nicrophorus vespilloides), los machos ayudan a las hembras a alimentar a su descendencia alojada en el interior de los cadáveres que han enterrado previamente. Sin embargo, hasta ahora los científicos desconocían cómo se equilibraba la demanda nutricional de las larvas y la actividad sexual de los padres.

Las hembras exhiben una infertilidad temporal mediada por la hormona juvenil III mientras sus crías aún requieren cuidado parental

Según un estudio publicado en la revista Nature Communications, cuando las crías aún necesitan cuidados, las hembras de escarabajo enterrador (Nicrophorus vespilloides) liberan una feromona antiafrodisíaca que reduce los intentos de apareamiento por parte de los machos. Este hallazgo arroja por primera vez luz sobre cómo los insectos modifican su comportamiento para proporcionar cuidado parental.

El equipo de investigadores alemanes, liderado por la Universidad de Ulm en Alemania,  analizó los comportamientos de reproducción, los perfiles hormonales y la producción de huevos, entre otros, de unos 400 escarabajos recogidos en un bosque de Alemania, y demostró que las hembras exhiben una infertilidad temporal –mediada por la hormona juvenil III– mientras sus crías aún requieren cuidado parental.

En ese momento, los machos perciben una señal química volátil similar a la hormona mencionada que les hace aparearse menos. Esta abstinencia sexual permite a los padres invertir más recursos en las larvas que se están desarrollando.

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Cópula de dos escarabajos enterradores. / Heiko Bellmann

 

Referencia bibliográfica:

Katharina C. Engel et al. “A hormone-related female anti-aphrodisiac signals temporary infertility and causes sexual abstinence to synchronize parental care” Nature Communications 22 de marzo de 2016 DOI10.1038/ncomms11035

Deme un taco de avispa y dos de chapulín

  • Nuevas especies de chapulines comestibles fueron colectadas en la sierra de Guerrero y la costa de Oaxaca, entre otras localidades.
  • En el estudio, publicado en Molecular Phylogenetics and Evolution, participan Alejandro Zaldívar Riverón del Instituto de Biología de la UNAM, Carlos Pedraza, investigador posdoctoral de la misma entidad universitaria, así como Ludivina Barrientos y Aurora Rocha, del Instituto Tecnológico de Ciudad Victoria, Tamaulipas

 

 Las nuevas especies de chapulines, aún sin nombre, fueron descubiertas por un grupo de entomólogos encabezado por Alejandro Zaldívar Riverón. Cortesía: Alejandro Zaldívar Riverón
Las nuevas especies de chapulines, aún sin nombre, fueron descubiertas por un grupo de entomólogos encabezado por Alejandro Zaldívar Riverón. Cortesía: Alejandro Zaldívar Riverón

Al menos cinco nuevas especies de chapulines fueron descubiertas por un grupo de entomólogos encabezado por Alejandro Zaldívar Riverón, investigador del Instituto de Biología (IB) de la UNAM.

En el hallazgo, publicado en la revista Molecular Phylogenetics and Evolution, también participaron Carlos Pedraza Lara, investigador posdoctoral del IB, así como Ludivina Barrientos Lozano y Aurora Rocha Sánchez, investigadora y alumna del Instituto Tecnológico de Ciudad Victoria, Tamaulipas, respectivamente.

“Pertenecen al género Sphenarium, son comestibles en México y se suman a seis especies anteriormente descritas”, detalló Zaldívar, doctor en biología y especialista en sistemática filogenética de insectos.

A los chapulines, recolectados en la sierra de Guerrero y la costa de Oaxaca, entre otras regiones, se les realizaron estudios detallados, tanto moleculares como morfológicos, pero está pendiente la descripción formal de las nuevas especies, en donde podrán ser nombrados de acuerdo con el código de nomenclatura zoológica.

“En la segunda parte de la investigación necesitamos profundizar más en los límites de especies de varias poblaciones de esos insectos, pues morfológicamente son muy parecidas; para ello emplearemos secuenciación de nueva generación”, dijo.

En su estudio, recién publicado, los científicos analizaron alrededor de 180 ejemplares provenientes de un trabajo de campo que recorrió de Nayarit a Chiapas, siguiendo su distribución.

Plaga y alimento

Experto en avispas, de las que ha descrito 69 especies y ocho géneros nuevos para la ciencia, además de una especie de lagartija endémica del centro de México, Zaldívar se interesó en los chapulines durante un estudio de campo en el que buscaba a las diminutas avispas parasitoides y aquéllos le brincaban al paso.

“Son populares en México y como se encuentran en muchas zonas del país, son plaga de varios cultivos. Forman parte de nuestra dieta desde tiempos prehispánicos. Al verlos pensé que su taxonomía era bastante conocida y que era un grupo bien estudiado, pero al buscar en literatura científica, me di cuenta que es un grupo taxonómicamente olvidado, como muchos otros insectos, y su diversidad es mucho mayor a lo que se pensaba”, añadió.

A la fecha se han descrito alrededor de un millón 300 mil especies de insectos en el mundo, pero se calcula que en el planeta pudieran haber decenas de millones más, aunque muchos se han extinguido sin que los conozcamos, destacó.

Sorpresas moleculares

Al llevar los chapulines al laboratorio, el universitario y sus colegas estudiaron sus características genéticas y morfológicas, entre ellas los diferentes diseños de los genitales de los machos y las notables variaciones en el patrón de color, aunque este tipo de atributos es difícil de estudiar, pues generalmente pierden su color al morir.

Desde la morfología encontraron varias poblaciones que no pudieron asignar a una especie ya descrita, pues sus características no coincidían del todo con las conocidas.

Luego, analizaron fragmentos de ADN mitocondrial para determinar su variabilidad genética y tener una primera aproximación de la riqueza de especies. Obtuvieron secuencias de ADN mitocondrial (el cual es de herencia exclusivamente materna) de 180 individuos de las poblaciones recorridas. “La sorpresa fue que la riqueza de especies, desde un punto de vista molecular, nos indicaba que había más de las que están reconocidas a la fecha”.

Especies del Pleistoceno

Alejandro Zaldívar Riverón, investigador del Instituto de Biología de la UNAM.
Alejandro Zaldívar Riverón, investigador del Instituto de Biología de la UNAM.

Las especies encontradas son relativamente recientes y se estima que corresponden al Pleistoceno, ocurrido hace 1.7 millones de años.

“Estos eventos de especiación que vemos en ellos fueron probablemente el resultado de una combinación de varias características del territorio mexicano, como la compleja geología del país, que ha propiciado en gran parte la diversificación de especies, y las variaciones del clima en el Pleistoceno, donde hubo eventos de enfriamiento y calentamiento que tuvieron repercusiones en muchos grupos de organismos”, detalló.

Sobre la adaptación y capacidad de sobrevivencia de los insectos, Zaldívar opinó que su diminuto tamaño ha sido una exitosa estrategia evolutiva. “Su mundo es fascinante y su variedad de formas, colores y conductas increíble. Son organismos enigmáticos que, una vez que los estudias, es imposible zafarte de ellos”, finalizó.