Temporada de huracanes

Las listas de “Lo Mejor de [aquí elige usted la temática y al año]… ” a veces son meras estrategias publicitarias. No censuro la estrategia sino el engaño. En primera instancia porque es difícil cumplir con la lógica misma del título [haber leído, escuchado, visto, evaluado, todo lo de que se produjo en un año, sobre todo cuando es mundial]. En segunda instancia por la lógica de la inmediatez que implica favorecer un juicio, sobre todo para los casos que implican producciones cercanas al arte, cuyo mayor juez es el tiempo.

Sin embargo, casi siempre, en esas listas, hay uno o dos aciertos que pueden sostenerse justamente en la balanza de ese juez temible del arte que es el tiempo. En 2017, Temporada de huracanes de Fernanda Melchor apareció prácticamente en todas las listas. Tardé hasta hoy en leer la novela. Quizá ya no diga nada nuevo: la novela es fantástica. Le puedo asegurar al lector que siempre he preferido hacer recomendaciones positivas en aras de “sumar”, por simplificar la postura en el término de todos esos filósofos del triunfo que llenan de memes y fotos “inspiradoras” sus redes sociales. Prefiero, pues, hablar bien de lo que me gusta que de aquello que no. Hablar mal de algo es sencillo y lo escuchamos en todas y cada una de las aceras, pasillos, oficinas, conversaciones, en los medios… siempre nos ha costado más trabajo aplaudir los éxitos y los triunfos que emprender la cargada infantería del desprecio desde distintos frentes: la envidia, la tirria, la muina, porque en un país tan cangrejero como suele ser a veces el nuestro parece que ponemos más atención en la denostación y la injuria que en otra cosa.

Después de tal blablablá, tengo que confesar la fascinación de esos vendavales verbales tan callejeros, de tanta oralidad de Temporada de huracanes y todos tan concentrados en una demostración de toda la violencia que a veces nos parece tan normal en nuestros historias comunes, de barrio, de suburbio, de pueblo, de ranchería. En la novela de Melchor todos los personajes están de armas tomar afilando sus colmillos con todo el rencor que las historias personales les concentran en su fatídico presente. No quiero adelantar nada a quien no la haya leído, por eso ahí dejo la insinuación de la trama.

Temporada de huracanes no sólo tenemos una de las mejores novelas del 2017. Su riqueza está por encima de una fecha precisa, porque, como la obra de Rulfo, la autora supo atinarle al corazón mismo de la literatura: el lenguaje. En este caso el lenguaje que nos refleja e identifica como mexicanos. La sutileza, la calidad casi etérea de Rulfo (el técnico, por ponerle un símil) se corresponde con la frontalidad casi brutal de Melchor (del lado de los rudos). Pero ambos en ese mismo ring mítico, simbólico, pero al mismo tiempo tan cercano a nuestros oídos como dar la vuelta a la esquina.

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3 libros de cartas de grandes escritores mexicanos

Hoy todo es público con un click, o puede serlo con un poco de ayuda de los reyes de la informática y sus herramientas. Todos nuestros datos los hemos ofrecido en aras de “convivir” a la empresas que comandan las redes sociales y se enriquecen por ello. Vivimos la época de la transparencia y la presunción. Nadie quiere pasar desapercibido, por eso lo publicamos todo, aunque nada de lo que hagamos sea “extra”-ordinario.

Fountain pen on antique letters and empty sheet

Antes de la mensajería instantánea, antes de la liviandad de las selfies, antes de la facilidad con la internet nos conecta con cualquier lugar del mundo, la intimidad era nuestra. Teníamos un tesoro hoy lejano a las dinámicas con las que nos relacionamos: la intimidad, el secreto, la privacidad. Por eso el chisme tiene una adrenalina chispeante que enciende los pasillos con la fiebre de los rumores, porque el secreto es un tesoro y nada nos hace más ricos que exhibirlo, demostrar que tenemos algo que los demás no tienen. Así funcionan las fingidas sonrisas de cada una de las fotos selfies y así también funcionan nuestros lutos, en las redes.

En ese ámbito sagrado y místico del secreto y de la intimidad uno se abría, bajaba sus escudos y confesaba amores, pasiones, quejas. En ese círculo concéntrico al corazón se escribían cartas. Sobre todo de amor. Justamente esas son de las que hablaremos. El primer libro, el más poético, el más sublime, es el del fracaso en el cortejo de Gilberto Owen respecto a Clementina Otero: Me Muero de Sin Usted. Las cartas de uno de los poetas más crípticos y deslumbrantes del siglo XX mexicano son una serie de fuegos artificiales e insinuaciones de caballero de principios de siglo ante la dama, casi en tono del amor cortés medieval, adorada y endiosada, dentro del altar de una ventana enrejada o en el del balcón durante una serenata. Las cartas muestran a gran poeta (sí, con ese término) y a un fallido conquistador.

Las cartas de Juan Rulfo a Clara, quien se convertiría después en su esposa y madre de sus hijos, compiladas en Aires de colina, son también una delicia. El gran fabulador de los valle de Jalisco y las almas en pena se percibe mucho más cercano que el etéreo poeta sinaloense. Incluso, en las cartas podemos ver una curva de aprendizaje y evolución en la relación de ambos, así como en el propio Rulfo. Las puertas de la intimidad están abiertas y podemos ver por dentro los fervores y los temores del más importante e influyente escritor mexicano.

Desde un tono mucho más elemental, las cartas de Juan José Arreola a Sara, compiladas en Sara más amarás, me parecen las menos poéticas, literarias y emocionantes de las tres. Arreola implora mucha más reciprocidad a su afecto, incluso atención, respuesta. En el transcurso descubrimos algunas de las enfermedades que sufrió el más locuaz de los escritores canónicos, así como su cercanía con su padre, su viaje a parís y las penurias económicas. Me queda claro que no se puede ser extraordinario siempre, pero eso es siempre lo que esperamos de nuestros héroes. 

Hoy las cartas ya no se escriben, ni se mandan por correo, a lo mucho postales navideñas o turísticas. Así es el Tiempo, transforma todo y lo llena de polvo hasta sepultarlo.

 

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PD. Octavio Paz tiene más de tres tomos (aunque en el ámbito intelectual-laboral-amistoso, más que en el estrictamente amoroso) que valen la pena una posterior columna solo dedicada a ellos. Y las de Carlos Fuentes no se han publicado en México aún, que yo sepa, pues siguen bajo el resguardo de la Universidad de Princeton.

Maradona y Juan Rulfo, a color

Este fin de año me asomé a dos novelas gráficas, La mano de Dios de Paolo Castaldi y Rulfo, una vida gráfica, de Óscar Pantoja, ambas editadas por Rey Naranjo. Ambas me las prestaron mis colegas de UniRadio 99.7Fm: Luis Alberto García y Marinho Aguilar y ambas me dejaron un buen sabor de boca. Lo resalto porque estoy acostumbrado a ser casi un escolástico medieval, adicto a los libros de muchas letritas. descarga-1

La novela gráfica es un mundo editorial que fusiona la plasticidad del cómic, y me refiero no sólo a los dibujos sino a la versatilidad temática, con la literatura. El juicio canónico desdeña todavía a ambas. Sin embargo, es cada vez más probable encontrar historias sofisticadas, profundas, estéticas y con esa trascendencia que se le adjudica, a priori, a la literatura. Las excepciones, en el ámbito de la novela gráfica, se están convirtiendo en regla, y ese camino comandado por Alan Moore y Frank Miller es cada vez más poblado.

descargaLo evidente es, además, que es mucho más fácil adentrarse en una novela gráfica que en la literatura pura y dura. Es en esa “facilidad” que los lectores ganamos el espacio pendiente en los resquicios. El caso de La mano de Dios de Paolo Castaldi es sintomático. Maradona habita un lugar en el inconsciente colectivo argentino similar al de Evita. No me disculpo por la comparación. Incluso puede ir más allá, y Paolo Castaldi lo sabe y lo demuestra muy bien en la elección de los matices anecdóticos de su libro: Maradona es el ídolo de los obreros, de los niños, el personaje que le regresó la grandeza a una ciudad (y a una zona de Italia: el sur) sin la grandeza de Roma, Milán o Turín, tanto en términos futbolísticos como arquitectónicos, históricos, industriales… También Maradona es el prototipo del self made man con un corazón mucho más “latino”, compasivo, que el de los self made man del mundo anglosajón. Y a millones nos hizo percibir esa poesía tan peculiar de los virtuosos del deporte (como lo hizo también Jordan, Phelps, o Ronaldo, Ronaldinho, Zidane, Messi y el portugués Cristiano Ronaldo).

Respecto a Rulfo, una vida gráfica de Óscar Pantoja no podemos negar la siniestra 23923364y perturbadora inquietud que provocan los recuadros de su libro: la biografía de Juan Rulfo. El espíritu de la narrativa de uno de los más grandes escritores mexicanos, de habla hispana y de la historia de la literatura mundial son perfectamente rastreables, al igual que la certeza de los datos con que la construyó. Sin embargo, hay un toque de brutalidad en la historia de vida de Juan Rulfo que no nos puede dejar tranquilos ni sonrientes. Menos aún si los lectores somos mexicanos. No quiero, además, adelantar nada. Pero sí puedo asegurárles que antes incluso de terminar la obra de Pantoja, lo descubrirán.

La novela gráfica nos depara un futuro alentador, por su versatilidad, por la plasticidad que puede explotar con sus gráficos y, sobre todo, porque es y puede ser igual de exigente que la literatura, con la misma o menor inversión de tiempo y esfuerzo.

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