Literatura y Diversidad

El pleno del Congreso de la Ciudad de México decidió declarar Junio como el “Mes del Orgullo LGBTTTI”. Afortunadamente, la legendaria historia de la Redada a los 41 hombres homosexuales es simplemente una puntada en el tejido de la historia mexicana, muy sintomática del Porfiriato y del estrato social denominado fifí.

A esta aceptación cada vez más común y profunda de la diversidad se suma la acertada decisión de los uniformes neutros; y contrasta significativamente con el desdén del presidente respecto al informe anual de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de nuestro país. Ambas no dejan de ser un reflejo de los crisoles del México de estos años.

En la cultura mexicana, la literatura de tema homoerótico era una excepción, una peculiaridad. Quizá el primer ejemplo es Chucho el Ninfo, un episodio de 1871 de La linterna mágica de José Tomás de Cuéllar. Le sigue el auténtico pionero: Salvador Novo, sobre todo con La estatua de Sal de mediados de los cuarenta. Para los 70, Luis Zapata escribió un clásico: El vampiro de la Colonia Roma, quizá la novela más declaradamente gay de nuestra literatura y la que le abrió la puerta a esa temática.

En el caso femenino, (y porque a Sor Juana no se lo podemos aseverar tajantemente) Nancy Cárdenas y Rosamaría Roffiel, fueron quienes abrieron el tema lésbico. Una muestra, sublime, de las letras de Roffiel:

Hasta mi noche llegas

y te recuerdo fiera

celosa en mi caverna

y te recuerdo sirena

nadando entre mis pechos

y te recuerdo tierna

como paloma, tierna

y te recuerdo fuego

encendida de deseo

y te recuerdo plena,

antes del miedo.

Pongo en la mesa tres libros: Afuera, editado por Diablura Ediciones, una antología de poesía ecléctica y atrevida que hizo Saúl Ordoñez con escritores que van de lo prosaico a lo militante a lo sublime siempre con el tamiz del erotismo a flor de piel. Del otro lado del espectro literario, pongo sobre la mesa Espejo de tres cuerpos de Odette Alonso,  una novela sobre las peripecias lésbicas de las protagonistas y sus desaires amoroso. Y con un tono desenfadado Funerales de hombres raros de Wenceslao Brusciaga.

La diversidad sexual que antes era, en el terreno del arte, una excepción, también se irá normalizando, como sucede, poco a poco, en el terreno social.

También los invito a mi site

Poesía de la diversidad sexual

Debo confesar que las prisas (¿acaso el tiempo se detiene?) no me habían permitido escribir sobre este libro, que había dejado en el tintero, a pesar incluso de que lo recomendé en la radio. En fin, nunca es tarde para empezar, por eso hablaré de Afuera. Arca poética de la diversidad sexual, recopilación de poesía en torno a la homosexualidad y la comunidad LGBTTTI.

Dentro de los cánones del sentido común y la razón, la imparcialidad es el fundamento para emitir cualquier juicio y para ejercerlo es preciso abrir el criterio a los dos lados de la historia (o los que tenga). Ese es uno de los ejercicios que más refuerza la literatura, y eso implica, por difícil que sea, asumir que nuestro propio criterio, prejuicio y/ conceptos puedan estar equivocados. Todavía cuando estudiaba la prepa la homosexualidad estaba sometida a la censura, la represión, la sombra. En veinte años he presenciado toda una transformación social que cada vez estigmatiza menos a quienes son parte de la comunidad LGBTTTI. Y aun así todavía no es suficiente.

En un país como el nuestro, que rebosa de violencia desde todos sus vértices y coyunturas,  la publicación de Afuera… permite leer desde distintas perspectivas nuestro propio contexto y adentrarnos además a la poesía que compiló Saul Ordoñez, uno de los mejores poetas de su generación, para Diablura Ediciones. Dicha antología permite abrir el diálogo literario y abrir el criterio, desde esta cada vez más petulante exhibición, hasta el hartazgo y el cansancio, de la vida privada en las redes sociales que se ha convertido en público, “leáse ´político´”( p. 11), justo como una postura, pero también como una acotación que presume las diferencias y las exalta. Permite también adentrarnos en la sofisticadas formas de expresar la sensualidad y el amor (ese “tímido silencio”  del poema de Salvador Novo) por parte de los autores de “mayor edad” de la recopilación, probablemente para no ser tildados, satirizados y exhibidos como homosexuales (porque “siendo sinceros, en una sociedad homófoba como la nuestra, nadie eligiría ser homosexual” p.16, dice Saúl en el prólogo). De la misma forma se pueden leer las frontales y contundentes formas y estilos de los autores más jóvenes, por ejemplo, Eutanasia de Óscar David López: “hay muchas maneras de morir de sida: una de ellas es por rumores familiares” (p. 254).

Sí, el libro no da espacio para rubores, mucho menos para medias tintas ni intolerancias. Hace quince años mataron (sí, un crimen de homofobia) a uno de mis amigos más entrañables, de quien atestigüé su salida del closet, su linchamiento público en la sociedad mocha y persignada de Puebla, su exilio en Canadá, su regreso como activista y su éxito como tal, antes del que entonces archivaron como “suicidio”. Él habría estado muy contento de una publicación como la recopilación de Saúl Ordoñez, y más todavía de la apertura y tolerancia con que ha crecido, en madurez, nuestra sociedad. A pesar, incluso, de que todavía no sea suficiente.

También los invito a mi blog