La era de la censura

Hace unos días se puso en el debate público el término “apropiación cultural”, el cual implica que alguien adopte rasgos o elementos de una cultura que no le pertenece.

La queja surgió por la nueva colección de Carolina Herrera con motivos de la cultura mexicana. La secretaria de Cultura mexicana, Alejandra Frausto, envió a la casa diseñadora una misiva en la que acusa el “uso y beneficio propio de técnicas de bordado y patrones identitarios de comunidades indígenas”. Las redes recordaron que la casa Chanel que ya había hecho algo semejante con temas de aborígenes australianos, así como casos semejantes de Dolce & Gabbana, Prada. Hasta aquí todo legalmente comprobable en favor de las comunidades originarias.

Pero, me pregunto, qué pasa con los casos en que la creatividad parte de patrimonio común, como las canciones infantiles alemanas que Beethoven utilizó para la Novena Sinfonía; o las texturas y motivos africanos de Matisse y Gaugin, por mencionar los más famosos; o las guitarras españolas del mariachi mexicano; o la salsa caribeña compuesta por la orquesta japonesa… se debe zanjar las fronteras entre apropiación cultura y plagio, por decir lo menos.

Lo cierto es que preocupa la crítica inmediata y simplista desde las redes sociales, el poder de la opinión publicada es reactiva, lapidaria y reaccionario, además de que parece sorda y ciega a matices. Ser monedita de oro o políticamente correcto parece que la consigna. Eso no solo limita la creatividad artística sino la propia mecánica con la que crece y se arraiga la cultura.

También los invito a mi página

El mundo dividido

La forma más elemental de terminar con la solidaridad y la empatía es dividir a la gente. Poner a las personas, orillarlas, a elegir entre dos bandos es una disyuntiva que sólo conduce a la confrontación.

Quizá porque mi memoria es muy corta o muy elemental, tengo la impresión de que este siglo XXI ha iniciado con una polarización casi tan peligrosa como las que precedieron los momentos más álgidos del siglo pasado. Y eso es preocupante porque ya es muy evidente en nuestro país. Me refiero a la polarización en torno a las opciones políticas que el endeble edificio de la democracia moderna ha sufrido: el Brexit, el ascenso de la derecha xenófoba en Europa (la familia Le Pen y sus seguidores en Francia, la Liga Norte de Italia, y los casos de Suecia, Hungría y Austria) y en América (Macri en Argentina y Bolsonaro en Brasil) y la corona: el caso Trump.

Embed from Getty Images

En México, la polarización se ha convertido en un estruendoso vociferar de condenas y reproches en las redes sociales (siempre tan poco transigentes a la empatía y el argumento, siempre tan proclives al linchamiento público sin la menor presunción de inocencia). Algo similar habías percibido en las carreras electorales durante el año de las dos pasadas elecciones presidenciales. Pero ahora la polarización persiste y no se vislumbra ningún panorama, por lo pronto, en el que la confrontación se reduzca o se libera un poco de presión de esta olla exprés. Ojalá toda esa tribuna se quede solo en las redes y solamente ahí.

Embed from Getty Images

¿Cómo hacer para llevar a buen cauce un debate que, sin duda, nos pertenece a los ciudadanos? Esa será una de las primeras cuestiones a resolver en nuestra situación política sin precedentes en nuestro país.

También los invito a mi página

El México que no queremos

Hay muchas cosas en las que podemos no estar de acuerdo, pero sabemos perfectamente en las que estamos de acuerdo. El México que no queremos es el que se encuentra dominado por monopolios, encarcelado en el único ojo de sus medios de comunicación y con una educación manipulada. ¿Les suena familiar?
Ese es, digamos, el punto de partida de una sarcástica distopía ofrecida por Jaime Alfonso Sandoval en Mexicoland. Afortunadamente es una fabulación ficticia de un México inexistiente (¿e improbable?) posterior a un enfrentamiento civil. Afortunadamente también es solo un ejercicio novelístico que deja un muy peculiar sabor de boca, como lo hace todo el humor negro. Mexicoland es una fusión de distopías reales y ficticias. Se nota la presencia de 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley, los regímenes chino y ruso, incluso un poco de Los juegos del hambre de Suzanne Collins…, pero a estas alturas, las distopías ya son una moda como modelo comercial editorial, y poco falta para que empiece a convertirse en un panorama político este siglo XXI.
Se ha planteado que la literatura española heredó al mundo el género picaresco, en el que un niño o puberto sufre todo tipo de aventuras, con mucha jiribilla y burla hacia esa idea del decoro (algo así como el honor y el linaje) tan español. La novela es un tobogán de aventuras para el protagonista: Cuauhtémoc Rojo, en un tono picaresco, en un México distópico, emplazado en una megalópolis que supone la fusión de Puebla-Cuernavaca-Tlaxcala-CDMX-Toluca-Querétaro-Pachuca. A todo ello se suma un fuerte y complejo sistema de representaciones de las mitología maya y azteca, que le dan un toque no sólo culto, sino travieso.
A la novela no le falta nada: persecuciones, teorías de la conspiración, romance, deporte, revelaciones…, un tren de carcajadas que implican también un guiño a la tragedia, construida de manera impecable en arcos narrativos. Ojalá alguien la lleve a la pantalla, sería muy divertido.

También los invito a mi página

Mexicanos en proporción

Septiembre es el mes de la patria y nunca está de más quitarnos lo patriotero para poner las cosas en perspectiva. Y a veces son los números quienes mejor nos lo explican, sobre todo si lo ponemos en proporciones.

Por ejemplo, en México, 21 de cada 100 niños que entran a la primaria terminan la licenciatura, 4 estudian una maestría y solamente 1 hace un doctorado. La proporción se nos aclara cuando entendemos que 17% de los mexicanos entre 25 y 64 cursaron la educación superior. En proporciones similares, 40 de cada 100 adultos mayores viven en pobreza y 75 de cada 100 no tienen pensión. Para 2020, la población mayor de 60 años representará 17.6 por ciento de la población total de nuestro Estado de México.

Dice el refrán que hombres y mujeres precavidos valen por dos. Pues estamos en el momento preciso para solucionar los problemas que se vienen. Justo como se hizo respecto a la disminución por picaduras de insectos ponzoñosos. Hoy por hoy, sólo 8 de cada 100 personas mueren por piquetes de semejantes bichos.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos registra un promedio de 3.4 médicos por cada mil habitantes. En México hay 2.3 médicos y 3.9 enfermeros por cada 1000 habitantes. Respecto a éstos últimos, en el Estado de México la proporción es 1 por cada 772 mexiquenses.

En México, no hay tema que nos preocupe más que la seguridad, está más que claro. Quizá estos datos nos den otra proporción de nuestra situación: hay apenas 80 policías por cada cien mil mexicanos. A ello hay que sumarle todos los otros números: salario, prestaciones, preparación, y un largo etcétera. En contraste, hay solamente 16 jueces por cada cien mil habitantes.

En un ámbito que cada vez se hace más presente, la Comisión Nacional del Agua tiene 45 inspectores para verificar 500 mil concesiones y descargas residuales en todo el país. Así que no podemos sino sugerir que no hay dato que se entienda si no tiene las proporciones que lo expliquen.

Es mes patrio y antes de que nos pongamos a pico la botella de tequila para gritar:  ¡Viva México cabrones!, podemos percibir los vacíos y ausencias que se pueden subsanar y corregir en nuestro país.

Cinco novelas sobre política y poder

El poder es un disfraz muy sofisticado. En algunos casos es el rostro descarnado y desenmascarado de la prepotencia, la intriga, la treta y el engaño; en otros es la revelación de las ambiciones más complejas de los espíritus turbados por el acceso a aquello con lo que nunca se soñó; en los menos es la manifestación de articulaciones muy precisas y premeditadas, a veces de un cálculo maquiavélico y estratégicamente premeditado, que fácilmente se equiparan con la guerra.

El poder es siempre un tema fascinante, como espectáculo de la inteligencia o como una sombra subterránea de nuestras propias ambiciones fingidas. Las artes narrativas lo han percibido de muchas maneras, desde las fundacionales obras de Shakespeare (Ricardo III, Macbeth, además de todas la obras históricas), pasando el énfasis insoslayable en las profecías políticas de Aldous Huxley y George Orwell o las parodias sarcásticas de Robert Graves hasta las demostraciones visuales de sus aplicaciones, como Todos los hombres del presidente, Doce hombres en pugna, Scandal o House of cards.

En la literatura mexicana el tema ha sido muy puntual en el siglo XX. Quizá la obra más significativa es La sombra del Caudillo de Martín Luis Guzmán. Inspirada en un hecho histórico, la obra (convertida después en película, censurada, claro está) se enfoca en la travesía espiritual del diputado Axkaná González hacia la corrupción total, marcada por el asesinato de un aspirante presidencial por órdenes de “El Caudillo”.
En una de sus novelas más importantes, La región más transparente, Carlos Fuentes su novela más importante a la investigación de los ideales tergiversados de la Revolución Mexicana por el partido del protagonista: el arribista Ixca Cienfuegos. Además, ese gran Carlos Fuentes se da el lujo de usar la Ciudad de México como un escenario real (con yuppies, juniors y familias fifí incluidas) con grandes dosis de simbolismos religiosos prehispánicos, lo que tiñe la novela de una mística mucho más intemporal, mítica.

Ya mucho menos eficaz, parodiando una relación epistolar al estilo de la fantástica Las relaciones peligrosas de Choderlos de Laclos, Fuentes se regodea en fabular personajes políticos más ampulosos y sin escrúpulos en La silla del águila. Eso sí, sin el carisma estético ni literario de La región más transparente, pero no por ello menos entretenida.
Los ámbitos del poder son muchos e implican no sólo a los protagonistas, a los que están en la trinchera, en el ring público. También hay personajes igual de oscuros y perversos tras bambalinas o aquellos que se confrontan al poder o al caudillo en turno desde la pluma. Ahí podrías incluir La guerra de Galio del polémico intelectual Héctor Aguilar Camín. La novela es una verdadera delicia de intriga y suspenso con protagonistas de la segunda línea: intelectuales y periodistas, que bien podríamos ponerle nombres muy reconocibles, a pesar incluso de que la realidad supera la ficción.

En una tercera línea, quiero mencionar El observador de Ígor Vivero, cuyos protagonistas están más cerca de la resignación pasiva que de la toma de decisiones. Testigos del ruedo de tramas políticas que no terminan por desentrañarse (porque no es ese el objetivo de la novela sino el pretexto) los protagonistas sólo observan y elucubran sobre las ondas expansivas del poder.

Muy probablemente se me escapen varias obras sobre una temática tan universal como añeja, pero siempre hay un atril de lupas para asomarse a lo que la literatura y el arte nos revela de la vida.

También los invito a mi página 

Lo que aprendí con el temblor

No viví el 85, no me tocó vivir toda la angustia, la solidaridad, ese trauma de parto de la sociedad civil mexicana (o su mayoría de edad como alguna vez lo mencionara Monsiváis). Pero la Historia sirve para tener siempre presente los sucesos que, si bien no presenciamos, dejan hondas heridas, cicatrices, aprendizajes y errores.  No viví el 85, tampoco el 2 de octubre, pero eso no significa que no puede aprenderse del pasado. Sin embargo, tengo que pararme desde esta cornisa endeble de la primera persona para aseverar lo que sí aprendí de este fatídico temblor del 19 de septiembre de 2017. Sé que, refugiado en la tranquilidad de las certezas (mi familia está bien, mi casa está bien, mi barrio está bien), puedo hacer un recuento y una reflexión en lugar de usar mis manos para levantar escombros. Así pues, aprendí que el abanico de posibilidades de ayuda es muy amplio, desde la donación hasta el voluntariado, desde la prudencia hasta el sacrificio, y que cada contexto tiene su utilidad, su prioridad y su pertinencia.

Aprendí que los simulacros son mucho más necesarios de lo que quisiéramos. Vivimos en una zona de alta intensidad sísmica, que confluye también con una zona de riesgos volcánicos e incidencia de lluvias en temporada de huracanes. Los simulacros deberían ser mucho más intensivos (en cuanto a desarrollo de protocolos, vertientes, destinos, consecuencias etcétera), extensivos y frecuentes, explicados por expertos itinerantes desde la educación elemental (como honores a la bandera, pues), pasando por las instancias laborales (públicas y privadas), así como en los espacios públicos (entiéndase con eso que los simulacros también deberían aplicar y explicar u orientar los comportamientos en parques, albergues y, sobre todo, en las calles, como voluntarios, damnificados, peatones y automovilistas).

Nunca antes se había hecho más latente, nunca tan abyecto, ese México-Rapiña que asaltó en los embotellamientos, que se ha apropiado de las donaciones y los víveres (en otras ocasiones, afortunadamente, todavía no ahora), ese México-Rapiña, que se hizo pasar por expertos en algo para robar a los incautos (todavía angustiados por el temblor y sus estremecedoras consecuencias), o que simplemente robó a su vecino mientras éste presenciaba las ruinas de su patrimonio. Ese México-Rapiña es el que ha llenado nuestra calles de miedo, como una causa directa a puro plomo o por mera indolencia o por siniestra complicidad. Descubrí, sin embargo, que el pueblo mexicano está mucho más unido de lo que parece, aunque sea la catástrofe el detonador de la solidaridad; que el sentido común está mucho más presente cuando las cosas van en serio y son importantes; que podemos dejar de hacernos los graciositos y enfocarnos en lo importante; que somos líderes, impetuosos, responsables, inteligentes, participativos, sacrificados. Ese es un México que lucha, brazo a brazo, mientras grita “¡Viva México!” o “¡sí se puede!” o canta el Cielito Lindo o guarda un silencio de asunción y esperanza cuando mira el puño levantado.

Aprendí también que tenemos todavía mucho que aprender: a valorar a nuestras fuerzas armadas con más mesura y muchas más aprecio, justicia y criterio; a valorar los buenos ejercicios y resultados periodísticos que, en circunstancias como estas, son cruciales para establecer y canalizar el ambiente social; a cimentar un trabajo civil que equilibre los esfuerzos institucionales; a realizar en el núcleo íntimo y familiar nuestros propios protocolos y esquemas de comportamiento. Escribo esto, desde el refugio de la certeza, insisto, 34 horas después del temblor y aún nos falta mucho por atestiguar: a los fariseos y oportunistas disminuidos frente a la patria misma, a México combatiendo los escombros y levantándose de las cenizas, con una sonrisa de sosiego y esperanza

Para entender al mexicano

Se vienen fiestas patrias y todo el mundo se va a poner a festejar esa condición inasible pero incomparable de ser mexicano. ¿Qué significa para todos y cada uno de nosotros ser mexicano? El abanico de posibilidades para responder semejante pregunta va desde la fe ciega pasando por el orgullo, la devoción, patriotismo o el reproche. Ser mexicano excede esa obsesión por ponerle sal y salsa a todo, los clichés de los bigotes y esa absurda imagen del ensarapado dormido bajo un cactus.

Los mexicanos somos entregados y arrojados hasta el sacrificio. Somos románticos, aventureros, juguetones y burlones hasta de nuestros propios miedos. Somos arrebatados en nuestros amores y nuestros odios, así como también devotos de nuestras creencias. Y, (asumo mi culpa) como lo acaban de confirmar, también nos encantan las generalizaciones. Pero, sobre todo, corremos el riesgo, para parafrasear a Octavio Paz, de convertirnos en la máscara bajo la cual nos ocultamos: sea esta la broma, la risa, la valentía o la violencia insensata. Un vistazo a las noticias y su inventario de sangre nos lo dejarán en claro

Sabemos de nuestra solidaridad en los momentos de siniestros (temblores, huracanes, catástrofes). Pero también nos caracterizamos por envidiar el privilegio y el triunfo ajeno, al grado de que desde el siglo XIX ya se pensaba en esa fábula de los cangrejos para describirnos. Herederos de la petulancia aristócrata de aquellos aires de grandeza que clamaban el decoro y el hidalguismo español, somos proclives al arribismo y el desprecio. Un ligero atisbo a nuestros Lords y Ladys o las polémicas de nuestras redes sociales nos lo confirmará. Nos fascina (de nuevo Paz tenía razón) ningunear a los ganadores y quejarnos, dos cosas que bien podrían ser devoción nacional, paralelas al guadalupanismo. Somos atrabancados para la crítica, el juicio y la sentencia, y poco claros para ejecutar ese mismo ejercicio frente al espejo. “Así nací y así soy, si no me quieren ni modo” o “yo soy quien soy y no me parezco”, por citar al vuelo, confirman que la canción popular es una muestra sintomática de nuestro inconsciente colectivo.

Confiamos en nuestro ingenio y creatividad, por eso nos atrevemos a apostar por el talento y no por la disciplina, por eso favorecemos la chacota frente al orden. Somos nuestros aciertos y nuestros errores. Por si no había citado a Chava Flores, también somos nuestros sueños [¿a qué le tiras, mexicano?] y nuestras pesadillas. Nuestros actos y nuestras omisiones. En semejante grieta de sentido, somos mexicanos y nos enorgullecemos de las dos caras de la moneda, lo cual implícitamente nos confirma la máscara y el rostro escondido, porque somos bien humanos y bien falibles, nunca superhéroes. Candiles de la calle, nos tropezamos con la congruencia. Somos menos hechos y más amores y  buenas razones. 

También los invito a mi blog 

El México para mis hijos

Tuve una pesadilla. La pesadilla de un país en el que la violencia cercaba a los ciudadanos a las cuatro paredes de sus casa, agazapados para descubrir el momento en que escampe la tormenta para disfrutar de nuevo de la cristalina inocencia de los niños jugando en los parques o de la gente platicando. Libres del estallido de las armas de fuego, de la agresión instituida del desprecio, el clasismo y la ignorancia.

Tuve una pesadilla. La pesadilla de la complicidad compartida que propaga la impunidad y revela la putrefacción de la corrupción de todos los convenios sociales que conocemos como reglamentos, leyes, costumbres.

La pesadilla de presenciar una sociedad con una débil o casi nula observancia de sus propios deberes, hasta en lo más elemental. Los síntomas son evidentes a simple vista y reflejan, de lo simple a lo complicado y viceversa, la inoperancia de todo un sistema.

Caminaba por las calles de mi ciudad, de mi País, y el estridente sonido de la música como si todos estuviéramos sordos. El conductor excediendo los límites de velocidad, sobrepasando las zebras para los peatones, y altanero hasta los golpes (así es como respondemos a todo) ante cualquier reclamo.

Ese es el país que no quiero para mí, mucho menos mis hijos.

Sí quiero el País del esfuerzo, el de la honestidad, el del trabajo, el México en el que cada mexicano haga lo que tenga que hacer, y lo haga cada vez mejor. Ese no es un sueño (no tendría por qué serlo), eso podría ser una realidad. Mucho más que una utopía.

También los invito a mi blog

Calendario Río 9 de Agosto. Hoy México en box, clavados, levantamiento de pesas, arco, vela y volei

#Rio2016 El día de hoy se disputan medallas en los eventos de canotaje, clavados, ecuestre, esgrima, gimnasia artística, judo, levantamiento de pesas, natación y tiro. México compitió por la mañana en remos cortos en femenino y masculino y ambos clasificaron. Hoy también participa en Voleibol de playa y de sala varonil, tiro con arco varonil, box varonil de 75 kg, vela varonil y femenil, levantamiento de pesas varonil 69 kg y femenil de 63 kg y clavados sincronizados femenil. Si quieres consultar la cartelera, sigue leyendo.

Las Olimpiadas de Río de Janeiro  se podrán ver por la página web de ClaroSports, también se puede descargar la app para Android, la app para iPhone o verlos por los canales 11 y 22 de Televisión Abierta, ESPN y Fox Sports por televisión por cable y los canales de Claro Sports si tienes contratado Megacable, Dish o Axtel. Las transmisiones por Internet son gratuitas.

El día de hoy martes 09 de Agosto estos son los eventos destacados:

Baloncesto masculino.

Horarios del centro del País

  • 12:15  España vs Brasil.
  • 17:00  Lituania vs Nigeria.
  • 20:30  Argentina vs Croacia.

Box masculino.

Horarios del centro del País

10:30 Peso Medio. Misael Uziel Rodríguez (México) vs Waheed Karaawi (Irak)

Clavados sincronizados. Medalla.

Horarios del centro del País

14:00 Participan las mexicanas Paola Espinosa y Alejandra Orozco

Gimnasia artística. Medalla.

Horarios del centro del País

14:00 horas Femenino Equipos. Medalla.

Levantamiento de pesas. Medalla.

Horarios del centro del País

  • 08:00 69 kg Masculino.
  • 10:30 63 kg Femenino. 
  • 13:30 63 kg Femenino Medalla. Participa la mexicana Eva Alicia Gurrola Ortiz.
  • 17:00 68 kg Masculino Medalla. Participa el mexicano Bredni Roque

Natación. Medalla.

Horarios del centro del País

  • 11:00 100m estilo libre masculino
  • 11:28 200m mariposa femenino
  • 11:50 200m braza masculino
  • 12:17 Relevo 4x200m masculino
  • 20:03 100m estilo libre masculino
  • 20:19 200m estilo libre femenino final
  • 20:28 200m mariposa masculino final
  • 20:37 200m mariposa femenino
  • 21:03 200m braza masculino
  • 21:29 200m combinado individual femenino final.
  • 21:38 Relevo 4x200m libre masculino final.

Tenis.

Horarios del centro del País

  • 8:45 Rafael Nadal (España) vs Andreas Seppi (Italia)
  • 9:00 David Ferrer (España) vs Evgeny Donskoy (Rusia)

23 eventos más de tenis tanto en dobles como individuales. Recuerde restar dos horas a la hora del evento para estar en tiempo del Centro del País en México.

Tiro con arco.

Horarios del centro del País.

9:49 Ernesto Boardman (México) vs Adrián Andrés Puentes (Cuba)

Vela.

  • 11:15 Vela varonil Laser. Participa el mexicano Yanic Gentry Torfer.
  • 11:20 Vela femenino RS:X. Participa la mexicana Demita Vega de Lille.

Voleibol Masculino.

Horarios del centro del País

  • 7:30  Rusia vs Argentina.
  • 9:35  México vs Francia.
  • 13:00  EEUU vs Italia.
  • 15:05  Polonia vs Irán.
  • 18:30  Cuba vs Egipto.
  • 20:35  Brasil vs Canadá.

Voleibol de Playa.

Horarios del centro del País

Femenino

  • 10:00  Italia vs Egipto.
  • 11:00  Polonia vs Rusia.
  • 14:30  EEUU vs Brasil.
  • 16:30  Canadá vs Alemania.
  • 19:00  Alemania vs Holanda.

Masculino

  • 08:00 Brasil vs Canadá.
  • 09:00 EEUU vs México.
  • 13:30  Latvia vs Cuba.
  • 15:30 Holanda vs Polonia
  • 20:00  Italia vs Túnez.
  • 21:00  Rusia vs Chile.

Puedes consultar los horarios completos y todos los eventos dando clic aquí, para saber el horario mexicano solo resta 2 horas a la información que se presenta en la página oficial de Río 2016.

Nuestra sombra: la violencia

Algo anda mal si la única solución que encontramos a nuestros problemas es la violencia. Algo anda mal si en lugar de asumir nuestras responsabilidades, deberes y derechos, le damos a los gritos, puños, balas, larembrandt prioridad en los argumentos. Algo anda mal si nuestros argumentos son la omisión, el descontento, el atropello, la imposición o la terquedad; algo anda mal si nuestros argumentos ni siquiera se asoman a los resultados, ni a las causas ni a las consecuencias. Falacias se llaman en “buen latín”.

De niño, en alguna junta de padres de familia, a mi padre le preguntaron cuál era mi mayor miedo: La violencia, respondió. Y es que la estabilidad de una sociedad se agrieta siempre que la violencia se ejerce (porque no se detenta, se ejerce, perífrasis de Foucault). No importa que haya igualdad de condiciones. Blandir la fuerza significa que la razón y las leyes (sus usos prácticos y civilizados para ser más preciso) han fracasado, que el diálogo está suprimido, que la animalización no sólo estalla sino escuschielepe su sangre a los tiburones del miedo, de la opresión, de la intimidación.

La violencia desata los demonios que nos hacen humanos, lobos, colmillos. A veces esa sombra se nos escapa de las manos para tomar vida propia. En México, basta asomarse a las calles, al folclor, a la historia para confirmar que nos hemos cobijado en el árbol equivocado, en la sombra equivocada; y sus frutos se nos pudren frente a los ojos.

También los invito a mi blog 

Imágenes: Rembrandt, Schiele