¿Arte en tiempos de miseria?

Me asomo al periódico, como todos los días, y salgo con una sensación de agobio. La gasolina no deja de subir, los políticos hacen más pullas que propuestas o soluciones, la violencia sigue a la alza…, me asomo a mis anotaciones y recuerdo que se me quedaron varios temas en el tintero, porque hay cosas más urgentes y necesarias que la literatura, y aunque “no sólo de pan vive el hombre”, no puede vivir sin él. El filósofo español, Ortega y Gasset decía: “Yo soy yo y mis circunstancias”, y las circunstancias de este país son poco esperanzadoras.

Me asomo a mis anotaciones y me sorprendo y me agobio simultáneamente, porque los mexicanos nos sentimos inseguros. Tres de cada cuatro mexicanos nos sentimos inseguros en los cajeros y los bancos, el transporte, las calles y carreteras, los mercados y malls, bueno, hasta en el trabajo(sobre todo si atendemos alguna comercio). El miedo se ha sembrado de una manera irrebatible por nuestras calles. Luego veo que la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) nos informa que los mexicanos somos los que trabajamos las jornadas laborales más largas, y producimos mucho menos que quienes trabajan menos horas: los alemanes. Causa y efecto. También que en nuestro país los servidores públicos, de nivel alto a medio perciben salarios de los más altos de la misma OCDE, por encima de Alemania, Suiza o Suecia, aunque nuestro producto interno bruto sea de los menores.

A estas alturas, no me atrevo a ahondar en la comparación del índice de deportados en la era Obama versus la Era Trump, ni en las particularidades del caso del joven Marco Antonio y las vertientes en torno a las agresiones de que fue víctima, mucho menos en los resultados terribles en su estado anímico y psicológico. ¿Cómo asomarse a las sublimidades del arte, después de haberse asomado a las realidades que la prensa nos ofrece? ¿Cómo darle un espacio de nuestras urgencias a actividades, como las artísticas, que tardan mucho en producir un efecto que se refleje en nuestro comportamiento, pensamiento? O al contrario, en dos vertientes, la primera: ¿sirve realmente el arte para escapar de esas dura realidad?… o la segunda: después de sumirnos en las noticias ¿confrontarse más todavía con el arte que acecha esa realidad para exponerla (narcoliteratura, por poner un ejemplo)?

Si el arte es transformación, como decía Robert Bresson, la realidad nos transforma con mucha mayor potencia.

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Lo que nos dejó 2017

¿Cómo recibir un Año Nuevo sin sufrir en el recuento del año agonizante? Las circunstancias de cada año nos dan para tener un superavit, un saldo a favor respecto a lo que vive y su sufre la humanidad, o si quieren nuestra sociedad (pónganle círculos concéntricos con un eje en:______).

Así pues, justo como las manías por hacer listas de lo mejor y lo peor del año, recibir el Año Nuevo con un recuento de qué nos heredó el año agonizante y que nos depara el siguiente es uno de nuestros ritos civiles más esparcidos por el mundo. Probablemente, el único estrictamente civil que excluye cualquier infiltración religiosa, agrícola o climática. En ese contexto, 2017 fue muy poco alentador, por hecho muy concretos: la liberación formal del precio de la gasolina, la asunción al poder de Donald Trump con todas sus consecuencias (su renuencia a los protocolos en torno a detener el cambio climático, la persecución de migrantes, la salida de la UNESCO de la Unión Americana, el aumento del dolar…), la confirmación de la violencia (este fue el año más atroz para la sociedad mexicana y su derivación en la Ley de Seguridad Interior. Eso a ojo de buen cubero y sin enfocarnos en casos particulares de algún estado o región.

Del lado bueno, para no ser tan tremendista, está el inicio en la transformación de los esquemas de comportamiento entre hombres y mujeres, gracias a las denuncias alrededor del mundo por parte de las mujeres agobiadas. Me refiero a la concientización por parte del sector masculino de las consecuencias de actos y acosos, así como las consecuencias legales y civiles (desde la infamia hasta el estigma). También percibimos un despertar de la sociedad civil a partir de la solidaridad y el esfuerzo en la ayuda y apoyo a los damnificados por los temblores, cuyos ecos resonarán fortísimo, ya verán que sí, en 2018.

En el plano personal, cada quién sacará su saldo de este 2017. Lo cierto es que somos arquitectos de nuestro propio destino, como bien lo dijo el Quijote, y 2018 no se quedará esperando a que nos decidamos a hacer lo que nos corresponde.

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