¿Y tú sabes cuáles son los poderes de la Unión?

Por José “Napo” Barrera

¿Se acuerdan de cuando les conté que los padres de la Patria copiaron cosas de la Constitución de EUA para saber cómo organizarnos como país? Bueno, también copiamos la parte que dice que debemos tener División de Poderes, ¿qué es eso? Pues significa que hay un Poder Ejecutivos encabezado por un Presidente, hay un poder Legislativo, el cual recae en una Cámara baja o de Diputados y una cámara alta o de Senadores, y finalmente un poder Judicial, el cual se encargará de impartir  justicia a través de jueces o magistrados.

En próximas cápsulas explicaremos que hace cada uno de ellos, pero lo que hay que entender antes, es que se da esta división para mantener un balance, o sea, que no haya una persona o grupo más poderoso que otros. En teoría esto evitaría que aparezca un dictador, un gobierno autoritario o un club de poderosos.

En el papel suena muy padre, pero no siempre empata con la realidad de nuestro país. Durante años en México se simuló que existían tres poderes, pero en la realidad había un Presidente que le decía a los otros dos poderes que hacer. Hasta hace unos 20 años aproximadamente, empezamos a ver cambios en esta dinámica y poco a poco el balance de poder empezó a ser real.

El desarrollo de un país nunca es lineal, a veces se avanza y a veces se retrocede, depende de nosotros estar bien informado y defender lo que hemos alcanzado.

Cinco novelas sobre política y poder

El poder es un disfraz muy sofisticado. En algunos casos es el rostro descarnado y desenmascarado de la prepotencia, la intriga, la treta y el engaño; en otros es la revelación de las ambiciones más complejas de los espíritus turbados por el acceso a aquello con lo que nunca se soñó; en los menos es la manifestación de articulaciones muy precisas y premeditadas, a veces de un cálculo maquiavélico y estratégicamente premeditado, que fácilmente se equiparan con la guerra.

El poder es siempre un tema fascinante, como espectáculo de la inteligencia o como una sombra subterránea de nuestras propias ambiciones fingidas. Las artes narrativas lo han percibido de muchas maneras, desde las fundacionales obras de Shakespeare (Ricardo III, Macbeth, además de todas la obras históricas), pasando el énfasis insoslayable en las profecías políticas de Aldous Huxley y George Orwell o las parodias sarcásticas de Robert Graves hasta las demostraciones visuales de sus aplicaciones, como Todos los hombres del presidente, Doce hombres en pugna, Scandal o House of cards.

En la literatura mexicana el tema ha sido muy puntual en el siglo XX. Quizá la obra más significativa es La sombra del Caudillo de Martín Luis Guzmán. Inspirada en un hecho histórico, la obra (convertida después en película, censurada, claro está) se enfoca en la travesía espiritual del diputado Axkaná González hacia la corrupción total, marcada por el asesinato de un aspirante presidencial por órdenes de “El Caudillo”.
En una de sus novelas más importantes, La región más transparente, Carlos Fuentes su novela más importante a la investigación de los ideales tergiversados de la Revolución Mexicana por el partido del protagonista: el arribista Ixca Cienfuegos. Además, ese gran Carlos Fuentes se da el lujo de usar la Ciudad de México como un escenario real (con yuppies, juniors y familias fifí incluidas) con grandes dosis de simbolismos religiosos prehispánicos, lo que tiñe la novela de una mística mucho más intemporal, mítica.

Ya mucho menos eficaz, parodiando una relación epistolar al estilo de la fantástica Las relaciones peligrosas de Choderlos de Laclos, Fuentes se regodea en fabular personajes políticos más ampulosos y sin escrúpulos en La silla del águila. Eso sí, sin el carisma estético ni literario de La región más transparente, pero no por ello menos entretenida.
Los ámbitos del poder son muchos e implican no sólo a los protagonistas, a los que están en la trinchera, en el ring público. También hay personajes igual de oscuros y perversos tras bambalinas o aquellos que se confrontan al poder o al caudillo en turno desde la pluma. Ahí podrías incluir La guerra de Galio del polémico intelectual Héctor Aguilar Camín. La novela es una verdadera delicia de intriga y suspenso con protagonistas de la segunda línea: intelectuales y periodistas, que bien podríamos ponerle nombres muy reconocibles, a pesar incluso de que la realidad supera la ficción.

En una tercera línea, quiero mencionar El observador de Ígor Vivero, cuyos protagonistas están más cerca de la resignación pasiva que de la toma de decisiones. Testigos del ruedo de tramas políticas que no terminan por desentrañarse (porque no es ese el objetivo de la novela sino el pretexto) los protagonistas sólo observan y elucubran sobre las ondas expansivas del poder.

Muy probablemente se me escapen varias obras sobre una temática tan universal como añeja, pero siempre hay un atril de lupas para asomarse a lo que la literatura y el arte nos revela de la vida.

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Conoce seis sorprendentes medidas de AMLO en la frontera norte

Ciudad Juárez, Chihuahua. Durante su discurso inaugural de campaña en Ciudad Juárez el candidato presidencial de Morena Andrés Manuel López Obrador lanzó propuestas económicas radicales para todos los habitantes de la franja fronteriza. Las medidas se tomarán en un territorio de 3,000 km de frontera a lo largo y 20 o 30 km de ancho.

“En los 3000 km de frontera habrá una zona libre para promover el desarrollo tecnológico y la creación de empleos en base a las siguientes medidas:

Uno. En esta franja de 20 o 30 km de ancho de manera puntual se va a recorrer la aduana hacia el sur, tierra adentro. Todas las garitas de frontera se recorrerán al sur.

Dos. Se reducirá el impuesto sobre la renta a 20% del 35% que es actualmente.

Tres. El IVA será de 8%, la mitad del 16% que es ahora para igualarlo con el IVA que se cobra en la Unión Americana.

Cuatro. Se reducirá el impuesto IEPS para producir servicios de gasolina y diesel iguales a los de EEUU.

Cinco, se aumentará el salario mínimo a por lo menos el doble de lo estipulado en la actualidad para todos los trabajadores. Aumentarán los salarios y bajarán los impuestos por lo que no habrá inflación.

Seis. Se va a hacer un gran plan de desarrollo urbano, se van a escriturar predios, mucha gente no tiene papeles porque el gobierno no ha regularizado su situación. Se van a entregar escrituras públicas. Agua potable, drenaje, pavimentación, escuelas, hospitales, obras y servicios.”

AMLO Arranca Campaña

En vivo arranca la Campaña de Andrés Manuel López Obrador
#YoAMLOMéxico
#LaTerceraEsLaVencida #LaTerceraEsLaVictoria
#JuntosHaremosHistoria Desde Ciudad Juárez, Chihuahua

Publicado por Morena Crece en domingo, 1 de abril de 2018

Si políticos se bajan salario ¿por qué aumentan impuestos?: Irak Vargas

Toluca Méx. ¿Cómo puede ser que los polítiqueros dicen todos los días que se bajaron los sueldos y que recortaron gastos suntuosos, pero, al mismo tiempo, cobran más impuestos, la educación se volvió cara, el transporte sube de precio, el gas y la luz cada día cuesta más, la inseguridad es peor y nos golpea parejo a hombres, mujeres, adultos y jóvenes?

Irak Vargas, presidente del partido Vía Radical, en entrevista con Lector 24, denuncia: se supone que se reduce el gasto para no pedir prestado, se supone que se bajan los salarios para bajar los impuestos y nada de eso está pasando.

Dense cuenta, agrega, cómo en las noticias cuando los politiqueros presumen que bajaron privilegios de la burocracia, siempre viene oculta la realidad: más impuestos, más inseguridad, más carestía, menos alegría.

Sostuvo que todo esto es parte de lo que en Vía Radical se ha identificado como una conspiración de la miseria: Los politiqueros mienten diciendo que viven con sacrificios para lavarte el cerebro y creas que ellos son pobres. Y si ellos lo son, entonces tú tienes que ser pobre. La intención es engañar, empobrecer y espantar. ¡La intención es subir los precios de la luz, el gas y el transporte, el agua!

En las pláticas que como dirigente de Vía Radical tengo con muchísimas profesionistas, con medianos empresarios, dijo, se ha vuelto una constante la rabia y protesta por tres cosas: la primera es que los están ahorcando con impuestos. La segunda es que el sacrificio de pagar impuestos no ha significado que el gobierno mejora la seguridad, la salud, la educación, por el contrario, todo empeora. La tercera es que terminan pagando doblemente por los servicios que debería garantizar el gobierno. “Los polítiqueros sirven para empobrecer a todos y concentrar la riqueza en unos cuantos corruptores”

Terminó afirmando que la clase media está interesada, sí,  en que exista austeridad y eficiencia del gasto público, pero sobre todo está interesada en aumentar el nivel de vida de todos.

Habló de la necesidad de “revertir la intención de lo que insistió en llamar la conspiración de la miseria que quiere que todos seamos pobres, cuando nosotros en Vía Radical queremos que todos estemos bien”.

Comentó finalmente que el partido Vía Radical está decidido a denunciar la “conspiración de la miseria” que tiene como objetivo principal terminar con la clase media mexicana para después contratar mano de obra calificada y profesional por salarios miserables como ya viene ocurriendo desde hace tiempo con médicos.

De verdad ¿por seguir a un partido, quienes lo hacen son lo peor?

En estos momentos de campaña, saber distinguir los hechos del ruido es fundamental para tomar una buena decisión. ¿Es en verdad posible que todo aquel que siga a un determinado partido sea un truhán despreciable solo por el hecho de seguirlo? ¿No puede haber personas inteligentes y capaces, lo mismo que necias e incapaces en ambos lados del campo? Yo creo que sí. ¿Y ustedes?

La polarización de las opiniones -especialmente en Internet- es cada vez más evidente. Desde los que piensan que todas las feministas odian a los hombres hasta quienes opinan que los toreros son asesinos: es difícil hallar a quien aún posea amor por la verdad (o la veracidad, si la primera parece demasiado teológica).

Sin embargo, en la misma humildad intelectual el diablo anda rondando: quizás pensemos que las personas religiosas  son las menos tolerantes y los liberales progresistas amantes de lo orgánico resuelven todo con un abrazo. Bueno, pues resulta que ni lo uno ni lo otro: todos parejos.

Al menos esto es lo que indica un estudio de la Universidad de Duke que halló que personas de todo el espectro político de los EEUU pueden o no tener humildad intelectual. ¿Y qué es la humildad intelectual? Simple y llanamente: la capacidad que tenemos de aceptar que nuestras creencias pueden estar equivocadas. Cualquier creencia: política, religiosa, moral, científica, literaria, cinematográfica, intelectual.

En efecto, el estudio encontró que no hay diferencia en el porcentaje de personas que poseen humildad intelectual entre grupos opuestos: ya sean liberales o conservadores o personas religiosas y no religiosas.

El autor Mark Leary, profesor de psicología y neurociencia en Duke dijo: “Hay estereotipos sobre los conservadores y las personas religiosas sobre que tienen menos humildad intelectual sobre sus creencias: No encontramos ninguna evidencia de eso”. Lo que quiere decir que, al menos en los EEUU, hay tantas personas religiosas como liberales que ponen en duda sus propias creencias.

Los autores definen la humildad intelectual como el antónimo de la arrogancia intelectual o la presunción. Las personas que poseen humildad intelectual tienen creencias fuertes pero reconocen que pueden estar equivocados y están dispuestos a escuchar argumentos en contra, sin importar si se trata de un asunto menor (tu preferencia en música) o uno de gran importancia (la existencia de Dios).

Cómo midieron la humildad intelectual

Los investigadores hicieron cuatro estudios separados para medir el rasgo y saber más sobre su funcionamiento. En un estudio, los participantes leyeron ensayos en donde se argumentaba a favor y en contra de la religión y después se les pidió opinar sobre la personalidad del autor del ensayo.

Después de leer un ensayo con el que difirieron, las personas con arrogancia intelectual le dieron al autor baja calificación en moralidad, honestidad, competencia y calidez. En contraste, las personas con humildad intelectual tuvieron una menor probabilidad de juzgar el carácter del autor en base a sus opiniones. Es decir: pudieron separar la opinión del sentimiento.

El rasgo de personalidad también afectó el cómo las personas ven a los políticos “chapulines”. Por ejemplo, los republicanos con humildad intelectual dijeron que podrían votar por un político cuya opinión ha cambiado debido a nueva evidencia (el viejo dicho de “es de sabios cambiar de opinión”). Además, la probabilidad de criticar a un político “chapulín” fue menor. Sin embargo, hubo menor variabilidad entre los demócratas: estos -fueran intelectualmente humildes o arrogantes- tuvieron una menor probabilidad de criticar a un político por cambiar de opinión.

La humildad intelectual se puede enseñar.

Para Leary no es solo un rasgo de personalidad sino un valor. Si lo pensamos, alguien que está dispuesto a aceptar que se equivocó y corregir el rumbo puede ser un mejor jefe, esposo, hijo, presidente de la República o ciudadano.

5 cosas que aprendí después de ver el debate

Como mero testigo del mundo, como ciudadano interesado por mi país y por el planeta en el que vivo, como un peatón más que soy, después de ver el debate entre Hillary Clinton y Donald Trump se me esclarecieron ciertas sospechas en torno al comportamiento de los políticos.

No importa cuán poco propositivo sea un personaje, si su discurso y énfasis insiste con vehemencia, empeño y vitalidad (sustantivo que bien podrían ir entre comillas), encontrará un nicho de incautos que le crean.

Los argumentos, los datos, las estrategias son demasiada información y explicarlos es abrir un frente al combate de los analistas. Un pobre político termina por decir poco, muchas veces y muy fuerte. Porque, como dice Enrique Jardiel Poncela: “Todos los que no tienen nada que decir hablan a gritos”.

Para todo existe un nicho esperando ser descubierto. El verdadero éxito de la demagogia está en descubrir cuál es el nicho más poderoso, el más reactivo o el más numeroso. Y ese no es ni el de la inteligencia, la tolerancia y la apertura.

Asumir una culpa, un error, un desliz, proyecta debilidad, dirían los clásicos. Pero también sinceridad, criterio, razonamiento. Vaya paradoja.

Si algo sale mal, si has perdido el hilo negro de la credibilidad, el comodín más cómodo para “salvarse” es apelar a una conspiración en tu contra, una campaña de desprestigio a la cual se le pueda achacar los errores, los fracasos y, sobre todo, las culpas.

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La mentira política

Abrir un libro es abrir una puerta en el tiempo, y otra en el espacio. Así me sucede cada que me busco en las vidas de los protagonistas de la ficción. También de la crónica periodística, las memorias y todo aquello que los sajones incluyen en el género Non fiction. Con un poco de malicia y un tantito más de perspicacia un lector puede intuir y deducir el espíritu del tiempo que precede algunos libros. Incluso los más improbables.

arspoliDespués de leer “El arte de la mentira política”, mal atribuido a Jonathan Swift (en realidad era de su amigo John Arbuthnot), me queda claro que la la mentira política ignora fronteras, sistemas políticos, idiosincracias, guerras, gobiernos. La mentira política es casi endémica de ese especie que se cuece aparte de tanto tragar sapos, saldar lealtades y rendir gratitudes. Si bien el libelo se conjura en el siglo XVIII en torno a la política británica de los parlamentos y sus respectivos parties, bien puede contrastarse con las realidades políticas actuales.

Si, como el dice el dicho, una verdad a medias es una mentira completa, la política (y los políticos) vive en medio de esos resquicios entre la verdad y la mentira. Justo como dice el escritor paraguadaumiermanniquinsploitiquesyo Augusto Roa Bastos: “Detrás de una mentira siempre hay algo verdadero que no se puede traicionar”. A estas alturas la honestidad y la lealtad no son más que el reflejo de un espejo quebrado, cuya imagen real es apenas visible. Justo como las caricaturas del francés Honoré Daumier.

Leer, pues, “El arte de la mentira política” nos deja en claro que lo importante para los demagogos es “lo conveniente”. Es precisamente ahí donde todo pierde certeza.

Sin embargo, al trasluz de la historia, bajo esa bandera y consigna del “arte de gobernar”, todo se revela. Sobre todo ahora que la historia ya no se escribe, siempre , por los ganadores. Ahora que los monopolios del discurso ya no pertenecen al Estado ni a sus instituciones (y me refiero no solamente a la apertura de las redes sociales, sino a la diversidad de medios de comunicación). Sólo hace falta la congruencia en el criterio y blandir la memoria como argumento. Concluiremos, entonces, con Augusto Roa Bastos, que: “Todo pueblo digno tiene sus héroes, sus víctimas, sus mártires. Pero todo pueblo indigno tiene el gobierno que se merece. Los dictadores, los tiranos, los bufones de palacio con poder, no son sino sus representantes más legítimos”.

 

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La corrupción política crea ciudadanos menos honrados

Científicos de la Universidad de Nottingham (Reino Unido) han investigado cómo se relacionan en una sociedad la corrupción política y el fraude con la honestidad de los ciudadanos. Para ello, han elaborado un índice sobre la prevalencia de violación de las reglas  (PRV, por sus siglas en inglés) y han descubierto que estos aspectos de la vida pública ejercen una fuerte influencia en la honradez de las personas.

“Algunas personas están dispuestas a romper las reglas si muchas otras también lo hacen”, dice Gächter

De esta manera, las sociedades con bajos niveles de corrupción, evasión y fraude suelen contar con individuos más honestos que aquellas que tienen unos niveles altos, según refleja el estudio publicado esta semana en Nature.

“Diversos investigaciones en sociología y psicología social ya sospechaban que existía una conexión entre las malas prácticas políticas y la honestidad ciudadana dado que, por ejemplo, algunas personas están dispuestas a romper las reglas si muchas otras también lo hacen. Sin embargo, no se había demostrado dicha relación hasta ahora”, explica a Sinc Simon Gächter, coautor del trabajo.

Gächter y sus colegas construyeron un índice PRV de 159 países utilizando datos demográficos y económicos disponibles desde 2003, sobre fraude político, fraude fiscal y corrupción.

Los investigadores llevaron a cabo experimentos de comportamiento, basados en recompensa, con 2.568 jóvenes (con una media de edad de 21,7 años) de diferentes extractos sociales y procedentes de 23 países –entre ellos España, Italia, Suecia y  Reino Unido– y compararon los datos del periodo de estudio (2011-2015) con los datos de 2003 sobre corrupción, evasión fiscal y fraude político.

Con este lapso de ocho años, los científicos se aseguraron de que los sujetos del experimento –todavía unos niños en 2003– no pudieron haber cometido violaciones de las reglas y, por tanto, no influyeron en el PRV de aquel momento.

Gente honesta 

En el experimento, se sentó a los participantes en una cabina aislada, se les pidió que lanzaran un dado dos veces y que dijeran qué resultado habían tenido la primera vez. Después recibirían una cantidad de dinero que sería mayor cuanto más alto fuera el número obtenido. No se podía saber si habían mentido, ya que el resultado solo lo conocían ellos.

“No podemos juzgar si los individuos son honestos de forma individual, pero en un grupo de gente si se puede calcular basándonos en las leyes de la estadística”, dice Gächter.

El equipo observó que los números registrados eran más altos de lo esperado si los participantes hubieran informado sobre el verdadero resultado de su tirada. Aunque no todos dijeron haber sacado números altos.

“Siempre hay cierta tendencia a mentir un poco. Por ejemplo, a los participantes se les dijo que deben decir el primer número que ha salido. Algunos te dirán el resultado más elevado entre las dos tiradas. Pero a pesar de que siempre hay algún engaño aparente, la gente ha sido sorprendentemente honesta, teniendo en cuenta que podían mentir con impunidad”, comenta  el autor.

Según expone Gächter, algunas personas se enfrentan a la siguiente disyuntiva: la mentira es beneficiosa en términos materiales, pero es costosa en términos psicológicos, ya que es más difícil mantener una imagen positiva de uno mismo como persona honesta. Sin embargo, como pasa en el experimento, la gente engaña un poco porque eso no pone en peligro su imagen de honestidad.

De acuerdo con el estudio, algunos de los países que más destacan en su relación de poca honestidad y violación de las reglas son Tanzania y Marruecos, mientras que los que presentan una relación fuerte entre la honestidad de sus ciudadanos y el cumplimiento de las normas son Alemania, Austria o Suecia.

El caso español

Gächter indica a Sinc que “España presenta un nivel bajo de violación de las normas y sus ciudadanos son bastante honestos en comparación con otros países. Es cierto que hay muchos casos de corrupción en España desde hace unos años. Sin embargo, hemos utilizado los datos oficiales del Banco Mundial sobre la corrupción, la evasión y el fraude político. No sé en qué medida los casos actuales influirían en esa estadística. Lo estudiaremos”, añade el investigador.

Otro resultado adicional que arroja el trabajo es que las sociedades con mayor seguridad material, medida por la eficacia de sus gobiernos, tienden a ser más individualistas y, por tanto, a ser menos corruptas.

“Los resultados han revelado que la corrupción, el fraude, etc., no son solo perjudiciales por razones económicas, sino que también podrían tener un efecto negativo sobre la honestidad de cada persona”, resalta el investigador.

Referencia bibliográfica

Simon Gächter y Jonathan F. Schulz. “Intrinsic honesty and the prevalence of rule violations across societies”. Nature DOI: 10.1038/nature17160. 9 de marzo de 2016

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