Mexicanos en proporción

Septiembre es el mes de la patria y nunca está de más quitarnos lo patriotero para poner las cosas en perspectiva. Y a veces son los números quienes mejor nos lo explican, sobre todo si lo ponemos en proporciones.

Por ejemplo, en México, 21 de cada 100 niños que entran a la primaria terminan la licenciatura, 4 estudian una maestría y solamente 1 hace un doctorado. La proporción se nos aclara cuando entendemos que 17% de los mexicanos entre 25 y 64 cursaron la educación superior. En proporciones similares, 40 de cada 100 adultos mayores viven en pobreza y 75 de cada 100 no tienen pensión. Para 2020, la población mayor de 60 años representará 17.6 por ciento de la población total de nuestro Estado de México.

Dice el refrán que hombres y mujeres precavidos valen por dos. Pues estamos en el momento preciso para solucionar los problemas que se vienen. Justo como se hizo respecto a la disminución por picaduras de insectos ponzoñosos. Hoy por hoy, sólo 8 de cada 100 personas mueren por piquetes de semejantes bichos.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos registra un promedio de 3.4 médicos por cada mil habitantes. En México hay 2.3 médicos y 3.9 enfermeros por cada 1000 habitantes. Respecto a éstos últimos, en el Estado de México la proporción es 1 por cada 772 mexiquenses.

En México, no hay tema que nos preocupe más que la seguridad, está más que claro. Quizá estos datos nos den otra proporción de nuestra situación: hay apenas 80 policías por cada cien mil mexicanos. A ello hay que sumarle todos los otros números: salario, prestaciones, preparación, y un largo etcétera. En contraste, hay solamente 16 jueces por cada cien mil habitantes.

En un ámbito que cada vez se hace más presente, la Comisión Nacional del Agua tiene 45 inspectores para verificar 500 mil concesiones y descargas residuales en todo el país. Así que no podemos sino sugerir que no hay dato que se entienda si no tiene las proporciones que lo expliquen.

Es mes patrio y antes de que nos pongamos a pico la botella de tequila para gritar:  ¡Viva México cabrones!, podemos percibir los vacíos y ausencias que se pueden subsanar y corregir en nuestro país.

La seguridad se diluye

Se nos ha nublado el panorama de nuestra ciudad. Aquella ciudad capital que alguna vez conocimos como Toluca se nos fue de las manos. Los municipios que la rodean se fusionaron con ella, para bien y para mal. No sólo la mancha urbana ha crecido de manera exponencial, también lo han hecho muchas cosas.

Toluca se convirtió en la segunda más contaminadas del país. 84% de la población no se siente segura en su ciudad, es decir, en la ciudad que conjunta los municipio del Valle de Toluca. Como lo demuestra la Encuesta Nacional de Seguridad pública, a nivel nacional, casi 59% dijo que ya no permite que sus hijos menores salgan de su vivienda; 51% dejó de caminar por los alrededores de su vivienda después de las ocho de la noche y 38.5% cambió rutinas relacionadas. En general, 73% piensas que las cosas seguirán igual o empeorarán. Es cierto: !Aquí nos tocó vivir!, pero eso no significa que “así” sea como debamos vivir: con miedo.

Hace unas semanas se metieron a robar, a plena luz del día, a la casa contigua a la mía, eso no pasaba en la ciudad en la que crecí. Cuando era niño mi madre me dejaba salir a jugar por la colonia hasta que se pusiera el sol. Cuando era niño podía subirme a la bicicleta y cruzar entre colonias y barrios sin temor alguno. Cuando estaba en la secundaria podía irme solo a entrenar a Potros o all Agustín Millán y regresar a casa sin sustos ni contratiempos. Esa no era mi ciudad y mucho menos es la que quiero para mis hijos.

Toluca nunca ha sido la ciudad más bella del país, la de mayores atractivos turísticos. Sus habitantes seguimos recelosos a los grandes eventos, a la participación cívica, cultural y política. Toluca tampoco tiene un clima paradisiaco ni una situación trascendental de la historia. Pero era una ciudad segura, en la que todos compartíamos la complicidad de la parsimonia, el respeto, y si me apuran, de la indolencia. Toluca, el valle de Toluca, era una esperanza de bienestar, libertad, progreso y tranquilidad. Incluso era el tema más importante de sus novelistas, siempre sensibles a su relación con la ciudad como con una novia caprichosa.